Recordando a Karla Ríos.
Un caso de abuso y maltrato que paso a asesinato.
Caracas – Venezuela.
Imagina despertar un día y
sentir el aroma fresco de tus sabanas.
Ver como los rayos de sol
penetran en tu mirada.
Escuchar como los pájaros aperturan el
amanecer.
Los vecinos se alistan para
enfrentar el día.
Y tú allí, callada
detallando todo a tu alrededor, parece un sueño, uno del que no quieres
despertar, con pasos temblorosos avanzas, con miedo, pero avanzas, con críticas
y sigues avanzando; sabes que es tu oportunidad, has vuelto a nacer.
Esta es la sensación que
experimenta una víctima de violencia doméstica, al romper con dicho vinculo abusivo,
los primeros meses son esencial para la estabilidad de la víctima, allí se
define o no su libertad plena, pues al convivir bajo una relación de víctima y
victimario, donde solo se estipula las normativas de este último, quien decide
cautelosamente cada aspecto de su vida, la victima pierde por completo su
identidad, entonces al romper abruptamente dicho lazo es normal que la víctima
tema o tropiece tantas veces como sea posible al forjar nuevamente su YO, y es
de esos mismos tropiezos que el maltratador se aprovecha, acechando en la
oscuridad como un depredador a su presa, su alta capacidad de manipulación la
hará dudar mil veces de su decisión, encantándola a través del “Me quieres,
porqué me necesitas”
Es por ello, que resulta
sumamente importante aquellos primeros meses de separación, el apoyo familiar
es esencial para la víctima, seamos incondicionalmente un oído para escuchar,
unos brazos para abrazar, serenidad para calmar y un corazón para llenar de
amor a esa alma recién nacida, el abuso deja secuelas duramente de trabajar, especialmente
psicológicas, hagamos más llevadera esta situación a la víctima, apoyemos en
todo momento.
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