Anécdota de un despertar...
Anécdota de un despertar.
Pero hasta cuándo van
a seguir con lo mismo, acaso se esfumaron las ideas o solo por mantener la moda,
quizás así se consigue más público, hablando solo de lo que la gente quiere
escuchar, amor propio por aquí, amor propio por allá, eso en vez de ayudar ¿no traerá
más declive de valores a la sociedad? Porque ahora todos justifican sus erráticos
comportamientos en tal frasecita cliché, he visto como los matrimonios terminan
en divorcio, relaciones en pérdidas, empleados en desempleados, mujeres en libertad,
poder en progreso y cariño en estética.
El constante rechazo
y hasta aburrimiento de la sociedad por este tema es real, el bombardeo
interactivo por redes es algo casi descontrolado y aun así no comprendemos su
verdadero significado, es que con una sociedad plenamente contaminada es difícil
cerciorarse de que no intentarán tergiversar aquella idea inicial para un
beneficio propio, cuando hoy se habla de ese “amor propio” se discute sobre la
mesa ideas cómo, control de otros, belleza, cariño, poder, tenencia,
revelación, escándalo y abandono, pues viéndolo de esa manera yo también tomaría
aquella desfachatez como el verdadero egocentrismo, donde el bienestar mismo
reposa sobre la indiferencia de los débiles. Generalizar no ha sido un tema que
comparta o discuta y aunque no sé con qué finalidad el resto habla sobre
aquello, esas ideas están más que alejadas de mi concepción de ese repetitivo “amor
propio”.
Cuestionarme el todo,
es casi una manía para mí, no recuerdo cuando empezó todo aquello, pero si
cuando tomo un verdadero sentido; molestarme por “el todo” era un hobby, siempre
me imaginaba como el resto podían hacer las cosas de manera diferente y quizás
funcionarle mejor, solo que allí no se ocultaba la verdad, ninguna diferencia
que plantease al resto sería tan buena para cambiarlo, el mundo seguiría siendo
mundo con o sin mis mejoras, eso pensaba hasta entonces, porque no se trataba
de que el mundo fuese lo que era, era que mi propio mundo fuese lo que no era y
es justo allí donde comienza un cambio real, el que surge de la piel para
adentro, conociendo, interpretando, validando y reforzando lo que me hace tan humano
y diferente al resto, solo así podía cuestionar un verdadero cambio en mi
entorno, desde mi propia libertad, entonces sí, para mí el amor propio es
espiritualidad, no es lo agradable que
pueda ver frente a un espejo, es la serenidad que pueda sentir al ser lo que
soy.


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