No quisiera ser...
Que sería de la
tierra sin aquellas personas soñadoras, valientes y hasta fastidiosas, esos que
con ideas bastantes cargadas de irrealidad desvían el curso de la historia; una
historia que tantas veces aturde, confunde, discrimina y cuestiona el sentido
de una minoría que a la larga se vuelven mayorías, porque la inconformidad a lo
preestablecido tantas veces pesa más que el mismo hecho de intentar siempre
seguir un camino distinto. Y es de esta misma historia de donde nos aferramos a
un conjunto de ideas, acciones o eventos para transmitirla a las generaciones
venideras, algo que por cariño llamamos tradiciones, pues mantienen un único
hilo de creencias.
Es así como crecemos
llamando tradicional a todo aquello que nos limitan a conocer y aprender, empezamos
desde el hogar donde la gran mayoría venimos de una llamada familia
tradicional, es decir, de una unión heteroparental y su dinámica fomenta la
estructura real de un hogar para que la mujer atienda, eduque, organice,
mantenga y venda aquella idea en ferias sociales, mientras que el hombre
sacrifica, lidera, dedica y autoriza los lineamientos del hogar y la sociedad.
Y aunque aquello
parece pintar tan bonito entre párrafos, es algo tan alejado a la realidad, o
al menos de la mía, no importa todo el esfuerzo que hacía mamá por venderme esa
mágica idea, jamás logre comprender esa desigualdad, pues mis ideas eran
escuchadas con atención, mis acciones lideradas por convicción y mis capacidades
valoradas por dedicación, todo esto sucumbía ante la misma sociedad que antes
ella llamaba tradicional, no sabía en esa fecha que nombre ponerle a tal rebeldía,
desconocía que el Feminismo se abría pasos en la historia para crear su propios
hechos.
Sí, es así como
comprendí y acepté que soy una persona Feminista y antepongo lo de “persona”
porque entendí con mis propias acciones que mi lucha no se trataba de ser
respetada por mi condición femenina, si no, de mi valía como persona que puede
pensar, crear, sentir y actuar bajos sus propias convicciones, luchar no
distingue entre un sexo y el otro, solo trabaja para el mismo fin, el cambio; a
la igualdad, al respeto, al valor y a la gran estupidez humana de querer
siempre apoderarse de la historia reescribiendo sobre el menosprecio de algunos
solo por considerar minoría o débil. Tampoco sé con qué clase de personas
feministas se han topado que muchos idiotas aseguran que estamos en contra de
la vida, de los hijos, el matrimonio, los hombres y hasta la misma felicidad,
pues la lucha se debe a rescatar esas voces silenciadas por décadas, a realzar
esa valía pisoteada por siglos y a admirar esa capacidad devaluada por milenios,
nacer mujer no me hace parte de esa absurda tradición.
No quisiera ser un hombre para que…
Escuches mis ideas, también puedo crear.
Sigas mis creencias, también puedo liderar.
Respetes mi apariencia, también puedo desfilar.
Aplaudas mis sueños, también puedo alcanzarlos.
Contemples mi cuerpo sin tomar, también puedo mostrar.
Aceptes mis decisiones, también sé escoger.
Pueda opinar sobre mi cuerpo, también quiero ser libre.
Apoyes mi lucha, también soy parte del todo.
Recuerdes mi historia, también puedo escribir la mía.
Valores mi vida, también quiero vivir.


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