Simples...
A que se refería
exactamente Jung cuándo decía que le tememos a lo simple, a las cosas simples,
a la simplicidad en general; algo que no paraba de sonar en mi cabeza hasta
entonces, mi querido Jung pasó la mejor parte de su vida en su torre ubicada en
suiza, en medio de la naturaleza, esculpiendo y navegando contempló la
verdadera paz interna, aquel hombre de notables logros y de admiración profunda
para muchos, hacía de sus mejores días las cosas más simples.
Y como no temerle a
la simplicidad cuando desde siempre nos han encaminado por el sendero de lo
extraordinario, lo que realmente merecemos, así que lo primero que hacemos al
responder la típica pregunta “qué quieres ser cuándo seas grande” nos
imaginamos el todo como un gran sueño, algo casi mágico, entonces desde que
somos conscientes buscamos ese algo casi o tan extraordinario como lo hemos
soñado; y es justo acá donde tantas veces nos perdemos en la búsqueda de lo que creemos merecer, curiosamente estos extraordinarios son los que nos acompañan
día a día y los casos más recurrentes en terapias.
He conocido…
El que nació para una profesión tan
aplaudida, que madrugar a diario por cualquier otra no es grato.
El que merece un puesto tan
respetado, que cualquier trabajo es tan verdugo para soportarlo.
El que conoció el amor verdadero,
para darle el permiso de marcharse por insatisfacciones ridículas.
El protagonista de novelas mexicanas,
donde madrugar es digno para su mansión, Mustang, Chanel y Herrera, lo que
otros puedan apreciarle es su verdadera felicidad.
Minúsculas y exuberantes Obras de
artes, a quien le importa los constantes retoques mientras se finja una belleza
real.
El digno de admirar, que
desgastar toda su energía en sueños inalcanzables parece la única vía para el
fin.
La perfección de primogénitos,
por lo que mantener ese legado sobre bases del propio sufrimiento es la
bendición.
El que alcanzará la divinidad
eterna, por lo que limpiar la humanidad de cualquier mancha abominable es
justificable.
El que merece un todo, que
aferrarse a personas, tiempo, lugares, objetos y acciones son necesarios para
seguir sonriendo.
Buda, quien alguna vez fue el
gran príncipe con riquezas incalculables, alcanzó la iluminación bajo un
corriente árbol sombroso.
Jung, quien alguna vez fue
pionero en teorías psicológicas, encontró la verdadera paz interior en la
naturaleza que rodeaba su gran templo.
Frankl, quien alguna vez fue un gran fundador de terapias psicológicas, contempló el verdadero sentido de la vida en aquellos desnudos y manchados campos de concentración.
Erróneamente identificamos lo simple como pobreza, fracaso, pérdida, tristeza, soledad, conformismo y fealdad; pero lo realmente extraordinario no es lo que yo u otros puedan apreciar y aplaudir, es lo que realmente yo pueda sentir, lo único valioso se encuentra de la piel para adentro.


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