Una persona que no es persona...
Que años tan miserables, habían desgastado en tan poco tiempo aquella sonrisa que alguna vez deslumbró, manchado aquella admirable piel, blanqueado aquella melena alucinante, apagado aquellos ojos vidriosos, decolorado aquellos cachetes rojizos, consumido aquellos trapos coloridos y marcado aquella terrible existencia; dudo mucho en acercarse, pero tanto ha sido el desprecio que uno más no mata, “Señora disculpe, pero es su turno” aquella elegante dama avanzó en la fila, más que avanzar, actuaba como una presa cuando escapa de su depredador, pues corría despavorida para alejarse de aquella figura abominable y mal oliente, como permiten la presencia de tan asqueada cosa a las afueras del reconocido supermercado y peor aún, que la misma tenga la osadía para dirigirse al público y esperar recibir dinero, pensaban los presentes. Esa triste escena la presencié hace un par de semanas en las afueras de un gran supermercado, donde acostumbran a reposar infinidades de indigentes anhelando una moneda.
El precio humano del progreso. Yann Bertrand, Human.
Lo difícil de llevar la pobreza no es la precariedad o necesidad que se vive justo al final de la pirámide, es el desprecio y autoridad con el que hemos construido esa misma pirámide de rango social, donde el poder y tenencia ejemplifica la verdadera raza humana, así que ya pueden imaginar el no tener ninguna de las anteriores en que se traduce, en nada, y ni sé, si debe usarse (nada) porque bien o mal contempla alguna respuesta, tan vacía no es, hablamos de sentir, hacer y pensar “nada” como algo, y un ser humano en pobreza extrema ni siquiera al “algo” para la sociedad espera llegar a ser.
Constantemente, una persona bajo esta frágil línea de vida se enmarca dentro de la confusión más grande de su existencia, ¿Es acaso un Ser Humano?, ¿Puede tener el atrevimiento de llamarse Humano?, ¿Puede tan siquiera cuestionarse aquella pegunta? Nunca he visto mayor desprecio que aquel que se le hace al que no tiene nada, quién no puede pretender aspirar ni a la vida misma, pongamos de ejemplo los países que mundialmente conocemos como los más pobres de esta existencia: India, Haití y el continente africano, siempre nos han vendido la idea de la lamentable precariedad que la mayoría de sus habitantes viven, sí, la mayoría, porque no todos, de hecho, en la India hay una población significativa muy rica y el acto de miseria más lamentable en ese país es el despojo de recursos naturales del pobre para el progreso de la cúspide de la pirámide.
Elementos fundamentales y naturales del planeta como el agua y la tierra, solo pueden disfrutarse en lo alto de esa pirámide, o es así como lo han comprendido aquellos habitantes de la India, quienes debieron abandonar sus ricos lagos y pozos para permitir a la verdadera humanidad disfrutar de la vida, piscinas, hoteles, cabañas y parques fundamentan el camino hacia el gran mencionado progreso. Entonces, ¿Quiénes son los pobres para el mundo? La mayoría de personas bajo esta condición aseguran ser desechos en el mejor de los casos, porque en otros ni saben que son, pues nunca son tratados como seres que pueden sentir, le regalamos un único derecho, el de contemplarse a sí mismo, haciendo ver que su pobreza es su verdadero sentido en esta vida.
Somos tan hipócritas para hablar de la pobreza en cada oportunidad que tenemos, pero tan ignorantes para despreciar a quien la vive, eso es lo que hace del humano un arma letal para el mundo.


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