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Aquel Rebelde capaz...

 

Sí, justo por aquí me fui.
Sí, justo por aquí pasé.
Sí, justo aquí estuve.
Sí, justo hasta aquí llegue.
Si, justo de eso me reí.
Sí, justo de eso me enamoré.
Si, justo de eso me aparté.
Sí, tan solo esto me quedó para el recuerdo. 

     Que sublimes son los detalles que evocan un recuerdo, uno que aparece con vigencia pero que su realidad remonta a unos cuántos años atrás, unos que solo marcaron la historia y que, si buenos o malos justo allí decidieron escribirse, en nuestra historia, dándole paso a unas que otras lágrimas en el peor de los casos o a cientos de carcajadas ante las cosas más estúpidas, son ellos los únicos capaces de contarnos los cuentos más reales; no siempre con  príncipe azul, no siempre con Ada madrina, no siempre con logros, no siempre con papelillos y no siempre con un final feliz.           

     Cada paso en nuestro andar propicia su existencia, pero jamás sabremos que recordar de ello, pues fotografían lo que les plazca y reproducen lo que se les antoja, como si ser ajenos a todo aquello fuera el verdadero sentido, viéndolo así ¿De qué nos servirían unos cuántos esfuerzos? Evidentemente de nada, con o sin nuestra intención ellos son y serán, como si se tratase de un eterno acto de rebeldía, y aunque parece una más de esas batallas pérdidas, quizás la razón no sea cercar el recuerdo, ya de por si es algo imaginable, pero si empezar por comprender que solo desde nuestros pasos se forjan.

     Entonces, ¿A dónde quisiéramos llegar junto a aquella alma rebelde? Un alma que por nuestra que sea es indomable, el destello de su aparición solo nos confirma algo, lo mucho que hemos vivido ante lo poco, ante lo más, ante lo corto y ante lo largo, sí, el claro ejemplo de lo que hemos caminado y no lo que contamos que hemos caminado, porque desde el contar derivamos hasta ahora en la forma más efectiva que usamos para acortar los años, omitiendo tantos de ellos; solo ante el recuerdo podemos contabilizar las verdaderas suelas desgastadas.

Solo aquel rebelde es capaz de… 

Dibujar una sonrisa donde había amargura.

Brotar una lagrima donde había risas.

Sentir un miedo donde había seguridad.

Albergar un suspiro donde había desesperanza.

Emanar una duda donde había certeza.

Confirmar un camino donde no había señal.

Reconocer un cariño donde había molestia.

Desatar una tristeza donde había muros.

Apreciar una nostalgia donde había olvido.

Revivir una existencia que se daba por terminada. 




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