Simplicidad de lo que somos...
La muerte, en la medida en que ella “es”, es por esencia
cada vez la mía. Es decir, ella significa una peculiar posibilidad de ser.
Martin Heidegger Ser y Tiempo
El ayer.
El hoy.
El mañana.
El empiezo.
El termino.
El ¿Por qué?
Entre el montón de cosas que nos ofrece una existencia, la simplicidad de lo que somos ante la muerte nos asombra, aquella con su capacidad de inclusiva no distingue entre días, meses, años, colores, gustos, preferencias, actos, status y menos el saber, tal parece que visita sin anuncio y se esconde ante el llamado; nunca somos tan buenos para su halago ni tan malos para su compañía, solo somos una gran materia de indiferencia ante sus ojos; ojos que de seguro sonríen ante el asombro interminable que resulta de sus fugaces llegadas.
El constante asombro no es su fugaz llegada, es la fugaz idea de ocupar ese lugar, ¿Por qué no, Yo? ¿El próximo, Yo?, y ante tan repentina desaparición las dudas abundan, los temores afloran y la idea pesa, nunca ha valido tanto una llegada como en ese momento del ocupar Yo, ¿Qué es lo que realmente cesaría? En el mejor de los casos que algo haya iniciado, mientras que no, que algo debo iniciar para que pueda cesar es la mayor de las preocupaciones ante tal ausencia, llegar con noción de un final, solo nos adapta para caminar desde entonces con precisión de agujas.
Considerando que las agujas son incesantes en la lectura del cierre, un temor a ese final es sin duda la causa más desigual que se puede crear, es una batalla anticipadamente perdida porque siempre el final llegará, por lo que no se trata de sucumbir ante la gran interrogante de ¿Cuándo llegará? Si no, que quisiera recordar cuando eso llegue. Cómo puedes llegar a tu lecho de muerte para que al mirar atrás pienses: ¿Lo he hecho bien? Es algo que se cuestiona regularmente Massimo Pigluicci un afamado Doctor en Filosofía y practicante del Estoicismo, aunque vivir constantemente por unos tantos “voy bien” o pensamientos sobre el mismo lecho de muerte sea más parecido al temor del que ya viene, si debería ser regla fundamental para plantearse ante cualquier brisa sin norte, acto sin goce, aplauso sin sentir y realidad sin ser.
Que al final ese álbum polvoriento y desgastado me recuerde…
Una historia que escribí y no solo seguí.
Un camino que pisé y no solo pasé.
Una frase que empleé y no solo terminé.
Una persona que conocí y no solo acompañé.
Un algo que disfruté y no solo conocí.
Un lugar que contemplé y no solo visité.
Un error que me enseñó y no solo me juzgó.
Una caída que me levantó y no solo me tumbó.
Una verdad que me liberó y no solo me expuso.
Una vida que viví y no solo conté.


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