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Ante quién sentir...

Paso a escuchar.
Paso a hablar.
Paso a sentir.
Paso a ser.
Pero tan solo paso, no es mi intención quedar. 

      Quizás siempre hay un lugar para ella muy a pesar de nuestra siempre tacañería, no hay lugar más apropiado para ella que presenciar la pérdida, el fracaso, el final, la ruptura, el olvido y el recuerdo, habitar en cada uno de estos rincones suele ser más atractivo que reposar por la eternidad sobre unos cuántos mártires, pues en estos no hay tiempo ni lugar que les indique un camino distinto al de ella, tan solo son ellos y sus penas frente a la tristeza; una tristeza tan aburrida para ser tristeza, pues no hay destino más lamentable para ella que la eternidad.

      Qué clase de relación se puede ajustar al no querer cuando se necesita y al querer de más cuando no se necesita, sin duda una construida por los polos de nuestra existencia, desde donde el frío no es tanto para congelar, ni el calor es tanto para quemar, ellos tan solo no son lo suficiente ante nuestra insaciable necesidad por las cosas, no es cuestión de completo, es jugar entre el menos o el más; la tristeza parece la indicada para el sorteo de los signos, donde sé es menos fuerte como para recibirla y más solitarios como para dejarla ir.              

       Que costumbre tan antigua estos extremos, no somos nada entre bueno y malo, tan solo una minoría entre más minorías incapaces de lidiar con aquella fragilidad de la tristeza, unos completos temerosos por el sentir y soltar para liberar, quizás ya son muchos años en la propia perpetua para idear libertad, que más grande libertad que el sentir del dolor, la tristeza tan ajena a los opuestos y tan ingenua para sospechar se prepara para el sentir del duelo, una pérdida que con o sin anuncio reclama su presencia para doler de verdad, doler cuando queremos sentir, no cuando buscamos sentir, rechazar a la tristeza nos convierte en títeres de falsas sonrisas y rabia, retenerla nos convierte en verdugos que privan su libertad.

A dónde pretendemos llegar al siempre huir.

A quién queremos escuchar al siempre hablar.

A quién queremos hablarle al siempre callar.

A quién queremos mostrarle al siempre ocultar.

A quién aceptamos al siempre molestar.

A quién conocemos al siempre juzgar.

A quién invitamos al nunca estar.

Ante quién nos lamentamos al siempre negar.

Ante quién nos desnudamos al siempre no querer ver.

Ante quién nos separamos al siempre retener.  

Ante quién sentimos al siempre no querer sentir.


 

     


 

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