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Felicidad...

     Se miraban como si aquella primera vez de verse jamás hubiese existido, eran desconocidos uno frente al otro, desconocidos que se atraían como fuerzas magnéticas, reían sin parar, bailaban sin música y se besaban como si fuese la última vez, como si ese par de desconocidos jamás se volvieran a ver, ese par de labios jamás se volvieran a rozar, ese par de cuerpos jamás se volvieran a tocar, besos que guardarían por el resto de su vida.

          Conversaban sin ningún fin mientras la música sonaba de fondo, música que resultaba tan pegajosa para parar a ratos y dejarla sentir en todo el cuerpo, ceder al oído un momento de éxtasis, momento que agradecía con recuerdos de una joven vida, una con rebeldía, fiestas y bandas; al momento del disfrute volvían al tema, ninguno en particular, todos relevante para terminar de consumir la botella que han decido compartir entre 2 buenos amigos esa noche.  

        Sus caras pintaban una recién salida adolescencia, sus pintas jugaban a combinar uno con el otro, casi parecía un encuadre familiar, así se vive pertenecer a un grupo, ser parte de una buena familia, una donde todos parecen encajar y nadie insinúa el partir, cada cuento se hacía más intermitente por las fuertes carcajadas que respaldaban lo gracioso que resultaba todo aquello, lo importante era poder terminar la frase inconclusa del otro para asegurar una verdadera sintonía entre todos.

¿En cuál de estas 3 historias los personajes son más felices?

La pareja de enamorados, el par de amigos charlatanes o el grupo de jóvenes risueños.

       Quizás por nuestra manía de considerar a la felicidad algo netamente visible y palpable, muchos se abstendrían de responder sin ver tan siquiera una foto de aquello que les cuentan, no somos capaces de creer una felicidad invisible porque desde la interacción siempre se nos recalca aquel estallido de sonrisas que mueven una verdadera noción de felicidad, una por las que todos aman los cientos de like, esto seguro responden a la forzosa sonrisa que planeamos exhibir con cada pose, o al menos dejarlo al descubierto en cada hermoso paisaje que decidimos compartir. 

       Claro que la sonrisa exterioriza la felicidad, porque a pesar de nuestras raras ideas ella es un estado del ánimo más y por lo tanto interioriza nuestra satisfacción de las cosas, pero no siempre sabemos la veracidad de aquella sonrisa, bien dicen que sonreír es gratis, por lo que exhibirla no nos desgasta en absolutamente nada, y aunque perdurar se ajusta más a su significado de estado, asegurar que la felicidad siempre debe estar o buscarse a toda costa resulta a algo más inventando por nosotros, pues sin duda bajo aquel invento forzamos la existencia de tantos otros a una realidad que solo es propia, la felicidad es algo más allá de lo que todos deseamos conseguir, es algo puramente subjetivo.


     Sí, solo coincidimos en buscar la felicidad, pero poco o nada en lo que nos hace realmente feliz a cada uno, creo que desde aquel invento hemos tomado a la felicidad como un remedio, ¿Qué hacemos con los remedios? Tomarlos cuándo padecemos de algo y deseamos ser curado rápidamente, una forzada que alivie cualquier apariencia de fracaso o tristeza, pues aquello se traduce en total infelicidad y nadie está preparado para ser juzgado por no tomar felicidad, como si de cualquier receta médica se tratase, quizás ya entienda lo aterrador de quién no se sienta feliz a ratos.

        Muchos son capaces de pagar precios muy altos por saborear ratos de felicidad, cuando curiosamente hay cosas sin ningún tipo de valor que brindan total felicidad, no con esto se deduce aquella frase de que el dinero no da la felicidad, porque allí también se puede gozar de felicidad, ella tan solo parte de las fuertes ganas por alcanzar una meta, del placer intenso de cumplir objetivos, de las risas incontrolables por contar un chiste, de la alegría por reencontrarnos, del saborear la fruta preferida, de vestir la ropa que más gusta, sí, la felicidad puede prevalecer en cualquier estado sin la penosa necesidad de tener que exigirla siempre.

Forzar la felicidad solo sesga a vivir la del resto y privarnos de nuestra propia felicidad, porque también hay felicidad…

En algún viaje que planeamos.

En algún sitio que tomamos para quedarnos.

En algún riesgo que aceptamos.

En alguna propuesta que rechazamos.

En aquello que buscamos.

En aquello que elegimos perder.

En algún cantar.

Tan solo escuchar.

En saber bailar.

Verlos disfrutar.

Ninguna busca parecerse a la otra.



  


 

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