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La espera del miedo...

Hay tantos para trasnocharse.
Hay tantos para sumar.
Hay tantos para contar.
Hay tantos para cambiar uno por otro.
Hay tantos siendo con voz y fuerza propia. 

       Son tantos que juegan más a ser nosotros, que nosotros ser nosotros, perdernos parece casi un laberinto sin salida ante sus diversas escenas probabilística donde proyecta la primera vez que solo es el final, la búsqueda que solo es el final, la pérdida que solo es el final, el camino que solo es el final, y el final, por si dudamos, nos demuestra que ese es el verdadero final, uno que no juega más allá de las reglas, no ve más allá de la línea y no se esfuerza más allá de lo que conserva; el miedo, un gran amigo que hospedamos sin sospecha que de a poco seremos los únicos invitados y a todo aquello le llamaremos espera.

     Ante nuestra gran apariencia, lo justificable se acepta sin reproche,  así que si algo debemos agradecerle al miedo después de todo, es su brillante estrategia para la espera, es sin duda el gran maestro para los mejores después que desarrollamos en la existencia; mejor al rato, mejor mañana, mejor al mes, mejor al año, mejor con ganas, mejor con alguien, mejor cuándo, mejor quién; es como si ser, perdiera cualquier tipo de sentido al lado de aquellos mejores, ellos sin dudar nos presentan lo complejo de cualquier historia y no solo un prólogo de sospechas.       

      Estoy segura que, si tan solo la espera no se convirtiera en eternidad para empezar, que cada “mejor después” no se aprovechara de la ingenuidad de los sueños para creer, que cada prólogo no celebrara su intención de adelantar y que si tan solo el miedo viviese de lo que es y no de lo que me quita al ser, seriamos 2 grandes compañeros al convivir, un par tan sabios para escucharse ante el silencio, de ser así, estoy segura de que el final, no siempre sería nada más que un final, uno sin retorno, sin desvío y sin de nuevo, sería el final desde donde parte cualquier verdadero inicio, aquel sin juego para apostar y sin reglas para seguir más que el deseo.

    Tanto son los siglos de la espera junto al miedo que ya duda que su existencia sea realmente del tiempo, su confusión solo es parte de la apariencia que buscamos mantener.

Solo descartamos cuando partimos de la espera.    

Una espera para crear.

Una espera para buscar.

Una espera para encontrar.

Una espera para asegurar.

Una espera para escuchar.

Una espera para hablar.

Una espera para cambiar.

Una espera para dudar.

Una espera para iniciar.

Y una espera que es más cerca de ser que creer ser.


 
            


 

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