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Líneas del amor...

 

       De las cosas más fáciles para el logro de ser humano es el cambio, por nuestra capacidad de adaptación lo último en perderse es la transformación de una habitual idea que un día deja de convencernos, no sé, qué tan descabellado pueda parecer esta gran entrada cuando escuchamos desde que aprendemos a ser “Que soy lo que soy” muy a pesar del resto; muchos se forjan con la misma idea de que, por nacer así, debo ser así y que a los años ya no se puede dejar de ser, perdiendo consigo la evolución de su existencia, pues enfrentarnos al cambio es el mayor sentido de la existencia humana; no hay secretos en el cambio cuando parten de vivencias y decisiones, pues estos son la fuente del verdadero cambio.

           Entre vivencias y decisiones hay una línea sumamente delgada que a medio cerrar de ojos se torna invisible, la delgada línea del tiempo, la cual casi siempre nos obliga a considerar nuestra existencia en sus tres tiempos sucesivos, donde ser de las vivencias nos retiene en el pasado y ser de las decisiones nos alienta en el presente y con indicio del futuro, exactamente desde esa línea aprendemos a existir; una existencia que tan solo nos acepta el cambio para cruzar la mencionada línea, pues él conoce el verdadero peso capaz de sostener, pero hay tantas cosas tan fuera de lugar que muchas veces nos forzamos a pasar, es como parte de un sabotaje universal, esa cosa llamada Amor, puede ser tan reciproco para avanzar y tan indiferente para pesar.       

          Que es realmente el amor, si no es un reflejo de lo que somos cuando y de lo que no somos cuando; algo tan sublime que dibuja el cambio sin sospecha, algo tan ajeno para ser propio, pero tan nuestro para ser de alguien más, particularmente somos buenos oyentes, buenos comediantes y buenos compañeros cuando el amor es una pizca de pasión y aceptación entre 2 o más, dentro de este quizás llegamos a ser lo que desconocíamos que podíamos ser, pero no somos oídos para escuchar cuando el amor repite, no somos chistosos para reír cuando el amor llora y no somos amigables para compartir cuando el amor no se siente; y es aquí cuando el amor es una pizca de conocimiento y comprensión entre 1, dentro de este llegamos a ser lo que verdaderamente queremos ser.

          Entre la misma duda sobre el huevo y la gallina, creemos suponer cuál de los amores viene primero, pero por la vivencia reconocemos un amor primero, por la decisión aceptamos un amor primero y después de todo, tan solo después del todo, desde el cambio aclaramos la duda del amor, organizamos la verdadera línea sucesiva del amor, muchos aun fallan creyendo acertar, pero quien busca existir, aprende a distinguir que el no ser cuando, es parte del pasado solo si en ese entonces se vivió, se decidió y se cambió para conocer y comprender de sí mismo, mientras que el ser cuando, es parte del presente y el futuro solo si en el instante aquel primero es parte del pasado para aceptar al resto.      

Ser cuándo.

Es lo más confuso del amor.

A veces ligero para soplar.

A veces pesado para cargar.

No siempre alienta a la verdad.

Ante la ignorancia prefiere ocultar.

Nunca es tarde para conocer y comprender.

Quizás si tarde para lamentar.

En el juego de tres tiempos.

Siempre disfruta ponernos a dudar. 




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