Los que buscan reposar...
No sé cuántas veces más
hagan falta para dejar de desaparecer en el momento de la verdad; justo en la
palabra, justo en la llegada, justo en el camino, justo al ver a quién, justo
al por qué; es como si el alma se aburriera de vagar y decidiera por fin
volver, esa temible sacudida que retorna a la vida; regresar al mundo y más
veces de lo que esperamos sin recuerdo de lo soñado, quizás los sueños son la
parte mágica de morir por instantes, que traerlos a la vida perderían su ilusión
al mostrarse tan real, una realidad que asusta a ratos y desconcierta a otros.
Pero ese sacudón de
retorno pintaba algo más, casi de a pinceladas retrataba un final forzado, uno
que ni en el peor de los casos se llegaba a considerar, pues aquel espantoso sueño
tachaba el último día en aquel calendario, ya no había razón para despertar, objetivos
por trabajar y cimas que contemplar, solo era el punto final de aquella
historia que luego se podía contar; no era el final inesperado que perturbaba
la conciencia, era el dejar de estar para tantos que realmente destrozaba, desde
siempre acostumbrados a que un techo sin pilares se derrumbe y que una mesa
tambalee sin una pata, que es tremendamente inconcebible pensar en ya no estar.
Cuántos miles de
millones de otros tantos millones de habitantes somos en este planeta, para aun
así dar justo con el lugar y personas precisas que celebran por día nuestra
presencia, tal vez festejan el espaldar del asiento, el motor del carro y la
intención de querer estar para que todo marche; realmente no existe ningún tipo
de especialidad en un lugar o persona para nuestro cobijo, pues desde que somos
bases para creer sostener cualquier tipo de peso, toda materia inerte es tan
capaz para reposar sobre aquella gran edificación, entre esos mismos miles de
millones hay otros miles de millones esperando que el árbol crezca para
sombrear, con tanta devoción por la espera es difícil algún día querer partir.
Hay un montón de ellos que buscan resaltar.
Su sobrecarga a leguas es fácil notar.
Parecen camellos con jorobas relucientes.
Siempre sonrientes para el placer de la gente.
Una pesa tras otra parece dar forma.
Es como si de estos dependiera la vida nada más.
Lo importante siempre es tener algo que cargar.
Tanto para que el resto este ligero y se pueda acomodar.
Difícil es la partida para aquel que siempre sostiene.
Pero una vez que se va, llega otro que fácil puede reemplazar.
Nunca somos tan especiales para aquellos que por siempre buscan sobre nosotros reposar.


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