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Reconocer para presentar.

 

Dice que no hay variedad en unos cuántos días silenciosos.
Dice que hay carcajadas en horas ruidosas.
Dice que solo contempla los segundos.
Dice que solo falta tiempo, jamás sobra.
Dice que busca sin parar.
Dice que toma lo que le dan.

       Hay disfrute en mi compañía, siempre que lo pienso recuerdo que los días son solo para mí; el amanecer celebra mi entrada, el reloj indica mi dedicación, el camino goza mi andar y tan solo yo escucho los pensamientos en desorden, ni preguntes cuándo inició porque tanto ella como yo desconocemos la fecha o fue más fácil olvidarla para contar lo que realmente importa, nuestros pasos por el camino de la verdad, y como cualquier otro celebro los años porque no siempre se sana el dolor, no siempre se acepta el rechazo, no siempre se cuestiona la verdad, no siempre se exhiben las marcas, no siempre se presentan los sueños, para qué otra compañía si lo tengo todo conmigo.  

     Siempre abrazo la mano porque me siento segura en el andar, solo despierto ante la molestia del ruido que me indica que el día está por iniciar, la hora nos recalca la demora que conlleva nuestros infinitos desacuerdos, la duda siempre nos juega a los extremos, unos días nos abraza, otro nos separa, pero siempre sirven para avivar la relación, el camino solo nos depara gasolina, sabemos desde dónde partir, pero jamás a dónde llegar, quién necesita guía en la aventura, y aunque celebro los años, más celebro la compañía que suma, desde esa compañía mis días son días y que importa las veces que termine siempre hay otra esperando para iniciar, nunca pienso en la soledad porque quién disfruta en compañía jamás necesita buscar por allá.

     Más allá de nuestra noción de compañía tal parece que estamos distanciadas por millones de luz, ponernos una frente a la otra jamás se ve como una opción, mientras te pierdes en la fantasía de tus ideas, yo me aferro a la realidad con ellos, no importa que tan bien o mal nos haga, inevitablemente cada una nos conformamos desde el consuelo a una eterna zona de confort, aquella donde la soledad es bastante especial para abandonar y la otra donde la soledad es bastante aterradora para conocer, y ante todo, el cambio no es lo que nos define, temerle sí, dudamos soportar la crudeza de un dolor en soledad, dudamos soportar la extrovertida vida en compañía.

     Ambas caras brindan lo mejor de sí en un ameno estado, pero temer desde una pasar a la otra solo asegura vivir en deuda con la realidad de ser. Hay cosas que solo creamos desde la soledad para compartir en compañía… 

Me reconozco desde la soledad para presentarme en compañía.

Me acepto desde la soledad para reír en compañía.

Me señalo desde la soledad para aceptar en compañía.

Me consuelo desde la soledad para no herir en compañía.

Me aplaudo desde la soledad para no atropellar en compañía.

Me escucho desde la soledad para hablar en compañía.

Me felicito desde la soledad para no menospreciarme en compañía.

Me creo desde la soledad para no moldearme en compañía.

Me admiro desde la soledad para no lamentarme en compañía.

Me busco desde la soledad para no perderme en la compañía. 



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