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Aquel árbol...

 

           La espera y lo mucho, parecen los más grandes opuestos, los más grandes enemigos, los más grandes desconocidos, de existir tal línea divisoria ¿Cuál sería el punto real de normalidad? Ceder, pero no tanto, entregar, pero no tanto; no tanto, es quizás lo más parecido a los limites, la franja que distingue la capacidad de soporte; no tanto, también para asegurar los excesos que se disputan con el control, puede que su realidad sea más a semejantes que a diferentes, pues ambos juegan a lo mismo, desconocer el punto intermedio de normalidad.  

                Límites, exponente de la paciencia, lo poco, el miedo y las dudas; es la más grande fortaleza que buscamos recalcar ante lo desconocido, es la variedad y experiencias que hace de nosotros un caminante temeroso, adelantarse a lo venidero es la esperanza para no fallar, por temor y desconfianza proponemos los límites para empezar; empezar con serios niveles de desconfianza nos prepara para lo errático de limitar, decir menos, mostrar menos, atender menos, caminar menos, arriesgar menos, y es desde lo menos que los limites parecen perder.

                Excesos, buscador de aventuras, arriesgado sin conocer, sin esperar, sin pretender; el más grande aventurero, ese que sin sospecha se lanza en caída, quizás un poco conocedor de límites y sus pérdidas que prefieren entregar para no volver a perder, con lo mucho no hay ausencia, con lo mucho hay ganas, con lo mucho no hay espera, con lo mucho no hay distracción, pero de lo mucho viene la asfixia, bloquear cualquier sentido de curiosidad por tanto descansa la atención, ir por tanto descuida lo poco, olvida lo de siempre y pierde.

           Siempre que hablamos de ambos lo hacemos con pérdidas, acaso ¿vernos fracasar es su sentido? No hay tal poder para lograr tanto, es nuestra falta de comprensión por todo que reducimos el resultado a lo mismo, lo poco que dio o lo mucho que dio, pues no hay intención de poco cuando las ganas y la pasión lo sienten, no hay necesidad de mucho cuando son las mismas ganas y pasión que lo buscan, quizás no sea tomar a quién dar menos y a quién dar más, es calcular el peso de lo que entiende por menos y más.

Imagine ver a un árbol crecer sin agua.

Sus hojas que pueden saborear.

Sus hojas que color pueden exhibir.

Su tallo que puede transportar.

Se disculpa con los de abajo por no pasarle más.

Imagine ver el árbol que tanto rego morir.

Sus hojas ya no son color.

Sus hojas desaparecen junto a lo opaco.

Su tallo ya no sostiene.

Se disculpa con los de abajo por inundarlos.


 


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