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El dolor para llegar...

       Imagino que, como todos los años, este no es la excepción, el comienzo de la historia que nunca ha de acabar, este año si es, aproveche que son 365 días, aquí sí me atrevo, no hay nadie que me pare, este año es el mío y punto, 12 uvas no pueden ser saboreadas así por así, que tal esas 12 campanadas que reflejan que por hoy los sueños pueden ser realidades, que por hoy las realidades pueden ser propias, que por hoy lo propio es verdaderamente ser, que por hoy se puede empezar a ser sin espera de que, porque es este el inicio.

        Creencias y más creencias que nos moldean para cada etapa, aquella que dejamos con la desgracia de que no fue, aquella que tomamos con la esperanza de que está, si sea; el maravilloso poder del inicio y nuevo año que anima a todas las almas cobardes a atreverse, resulta casi mágico como las ganas de querer se enfrentan de manera inmutable a la pereza que le recuerda que alguna vez también estuvo, pero ya no está más, ya no para este inicio que como todos acordamos en ese 5 pa´ los 12, es el gran momento, dichosos esos que inician abriendo cada puerta sin cesar, curioso esos que tropiezan más de una vez en este nuevo andar.

      Es impensable que los tropiezos ya no sean más en este gran inicio, si de tropiezos aprendemos que hay que seguir con mayor fuerza, es eso lo que se recuerda constantemente el optimista, recuerda una y otra vez, que perder, caer, fallar, dejar, vacilar y naufragar tanto, es la señal perfecta para seguir, pues nos aguarda el éxito donde sea, típica creencia del inicio; abarrotarnos de las ganas de hacer porque es un nuevo inicio, nos lleva a  someternos a cualquier idea que respalde el camino que acabamos de tomar, incluso si este es a mar abierto y sin salvavidas.

        Tanto es la creencia de que todo lo malo nos prepara para llegar, que sin problema nos disponemos a aprender a nadar en ese mar abierto; es evidente que todos en algún momento hemos surgido del dolor, de lo malo, y es precisamente de allí que surge tal creencia, tan segura por lo ya vivido que nos insiste a soportar porque viene, pero no, no siempre podemos coincidir con todo lo malo y seguir, mantenernos en esa creencia puede ser cuestión ajena, no propia, hay unos cuántos cercanos que continúan desubicados y no por ello, son parte de nuestro sufrimiento para llegar, no siempre es así, no hagamos vida de creencias, hagamos vida de decisiones.

Un llegar con lágrimas.

Que tanto puede ser eso verdad.

Bastante, si con propiedad lo exponemos.

Absurdo, si por otros lo creemos.

Un mar abierto nos demuestra de que estamos hecho.

Un mar abierto es señal que no todos saben nadar.

El dolor no es opcional cuándo se siente.

El dolor es opcional cuándo solo se ve.

Si hemos decidido iniciar.

Es mejor hacerlo en la pasión que es difícil encontrar. 


 


 

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