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Nada por hacer...

Desde su diario

       El mismo librito viejo y amarillento que guardaba algunos de los pensamientos más exagerados quizás, esa tarde cálida y sin nada por hacer más que ojearlo saboreando una taza de café. Hoja a hoja conservaban un capítulo, sin intención de orden alguno comenzó por la primera que llamara su atención, allí estaba con su notable crudeza, en ella con letras muy definidas aparecía la siguiente frase:

La eventualidad del reposo desata la mayor de las crisis.

¡Simpático! Pero si uno se para, jamás llegará, fue lo primero que pensó al mismo tiempo que se acomodaba para continuar leyendo.

         Por reposo se define aquel cuerpo que no se mueve, algo que permanece estático, es decir, no hay novedad en el parpadeo porque abrir o cerrar los ojos no cambiará su posición, tan solo es fijo ante la brisa, tan solo es el mismo ante la vista, de tal manera que casi parece algo inerte, algo sin ningún sentido de vida puede ser.

         Bajo aquellas líneas tan dramáticas no hay ser que busque reposar para ganar, lo que carece de movimiento resulta más a pérdida que cualquier otra cosa, sentido tendría no descansar entonces, no parar jamás; ante cada parada es la oportunidad de morir, es dejar de existir, son los pasos que me llevan a un lugar, es el lugar que me lleva a un momento y es un momento que me lleva a recordar, sí, movimiento definitivamente es vida, es existir por encima de todo.           

      Recién entiendo el terror que me da descansar, tantas cosas por hacer y voy yo a descansar, tremendamente absurdo me repito en las horas de insomnio, inaceptable me critico horas después frente al espejo, ¿Qué pobres ideas pueden surgir ante la nada? Me cuestiono sin parar, soy un montón de nada pretendiendo ser algo por descansar; las ojeras de trasnocho son señal de tanto andar, la falta de respiración es señal de correr para cumplir, la media sonrisa es la señal de continuar para encajar, pero si al menos una vez dejara de ver solo lo malo entendería que todo es la gran señal de vida, de lo contrario no existiría.

        Más de una vez quise dejar de existir entonces, quise parar y descansar, quise observar, pero mi miedo por dejar de existir era más fuerte, me castigaba con ideas de fracaso, de quedar atrás de los otros, de que ya no quisiera seguir, llorar por el cansancio resultaba más aceptado que reír en el descanso, las lágrimas es lo visible del gran esfuerzo por día. Pasaron años o décadas se podría decir, y el terror de parar aun me acompañaba.

     Mayormente las cosas llegan a su fin, por no hablar de todo, ese día entre decidir continuar o parar fue la gran luz, el miedo acompañaba, pero las ganas también, casi como esperando arrepentirme más adelante por la apresurada decisión, salte de la silla y corrí, corrí tanto para ya no ver más ninguna señal y justo ahí, ahí tire todo para descansar, los zapatos a un lado, el bolso al otro y mis ganas más mías que nunca celebraron descansar.

De nada por hacer, hay demasiado por empezar, de nada por hacer, las ideas atormentan sin parar, de nada por hacer es que finalmente hago lo que de verdad he querido hacer.




 

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