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Zapatos manchados.

 

Atreverse es la manera más elegante de perder.

      Aquel cuerpo se ve totalmente descansadito, no se parece al trasnocho de tantas semanas con la misma idea, esa que persiste al cambio de posición para intentar conciliar el sueño, el sueño puede esperar, la idea no, la idea cruza los límites del razonamiento que insiste en que pare, es descabellada para lograr; eres incapaz de abandonar esa idea, entonces te abandonaré yo, vocifera la razón, no hay motivo para ser parte de tan estúpido plan, estaré acá esperándote para afirmar que “te lo dije” concluye la razón. 

        Poco más de 5 segundos para que sean las 5: 00 am, y ya todo parece tener sentido, “El que madruga Dios lo ayuda” recuerdan los optimistas que gustosos salen a recibir los primeros rayos de sol; justo lo que esperaba, las 5: 00 am y no puedo dejar que suene esa alarma porque ya mis piernas están en posición de estirarse para caminar, un rato en el espejo y pienso, ¡Perfecto! Un rostro jovial y risueño, lo que se necesita para exhibir, traje y corbata hacen juego con lo dicho, la brillantez de mis zapatos opaca hasta la más grande de las mugres que se pueden atravesar en mi camino, mi comida favorita hace parte del ritual de intención que llevo. 

       Detrás de mí ha quedado la puerta y la razón, con sonrisa que parece recién estrenada camino a un ritmo particular, al mío, volteo y veo unos detrás esperando para pasar, me corro a un lado para no molestarlos, sigo a los de adelante y no me molesta su andar, estoy concentrado solo en el mío, saludo a todos los que buscan cruzar su mirada conmigo, en sus ojos reflejan la intención de preguntar, ¿A dónde voy tan elegante?, ¿Por qué la gran sonrisa?, ¿Por qué bailo en mi caminar? Curiosidad nada más, no hay maldad en esa curiosidad más que el entender cómo se consigue tal felicidad. 

        No sabía que el camino era más lejos, lo recordaba a pocos metros, igual no hay deseos de parar, las ganas persisten y es lo que voy aprovechar; gente estremecida con las noticias, es fuerte lo que sucede aquí y por allá, pero las cosas malas siempre han estado, quizás no en todas partes, pero es como por turno, un turno para aquí, después para allá, lo importante es saber salir de todo, no hay tal cosa que pueda entretenerme más, suficiente tuve con los trasnochos, ya no más. 

      Pero qué es lo que veo, esa es la señal, ese es el lugar, por fin lo logro apreciar, unos pasos más y estoy, ¡Que carajos! ¿Qué es lo que leo? eso no puede ser verdad, “Cerrado por remodelación”, no, no, tal porquería no puede ser verdad, porque no llame antes, porque no pregunte antes, ¿Ahora? Tanto que me costó planchar este traje y ni toquemos el pulir los zapatos, tenía la certeza de que hoy sí, hoy si seria, ¡Oh! La razón, ya la escucho desde aquí a la condenada esa, que se pudra, igual vine, nadie me lo contó, vine.      

Me visto de traje para perder.

La gran sonrisa de perder.

Es que lo intenté.

Una vez más lo intenté.

Desempolvo los zapatos cada vez que tengo la intención.

Caminar y caminar es parte de la decisión.

De que se vale la razón sin salir.

Que descarada al insistir que no es así.

Desde la duda atormentar.

Es muy fácil quedarse y solo imaginar.

Atreverse es la forma más elegante de perder porque su zapato ha manchado, su corbata ha ensuciado, su traje a usado y sus ganas las ha tomado.  


 


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