Cómo saber...
Y me reí sin saber llorar.
Y me enojé sin saber llorar.
Entonces a lo mismo ya responde todo o es una pregunta a otra, que igual es el juego de responder a todo. Todos no son los mismos, hay diferencias en todos.
Puede que sea a cuándo, tal como si fuese a un lugar, un momento, algo de especialidad en espacio y tiempo para saber cómo.
No es lo novedoso, siempre hemos desconocido cuándo llorar, lo único que damos por especial es la distinción de quién llora, justo como si viniera con certificado aquella respuesta innata al dolor, sufrimiento y miedo.
La mujer con tanta atención puede llorar, no es problema que la vean.
El hombre con poca atención y aún así no puede llorar, es lamentable verlo.
En aquellas absurdas creencias seguimos con atención para llorar y con aislamiento para poder hacerlo, a lo propiamente errático ya de separar asumimos otras más, como la fuerza y debilidad, ya no es necesario señalar quién lo es y quién no, porque hasta de eso nos hemos encargado de clasificar, somos exageradamente eficientes para dejar tareas a los demás, si ya afirmamos algo, lo hacemos a quién si y a quién no.
Y quién busca ser débil? Ni siquiera por clasificación acertamos porque es vergonzoso serlo, es siempre señalado serlo, ser la señal le viene un montón de cosas más y es seguro que tan poco le satisface conocer, que por débil es burlado, que por débil es incapaz, que por débil es ineficiente, que por débil es mejor no considerarlo.
Siendo de esa forma, lo comprensivo de "mejor" es no saber cuándo llorar para que no sea más señalado.


Comentarios
Publicar un comentario