La pequeña cama de vaquita...
La pequeña cama de vaquita...
Pequeña, pero justo a la medida. La pequeña cama corresponde al pequeño espacio, al pequeño lugar que ya era mío, exclusivamente mío como cada cosa del lugar que señalaba que era mi lugar, pues era mi bolso, era mi ropa, eran mis zapatos, eran mis libros, todos de especialidad lo eran.
He insistido tanto en mi propio lugar, en el pequeño espacio que ocupo, en el gran espacio que debo tener para ser.
Ese espacio es el valor para cualquier tipo de relación, lo sé conforme preguntaban para poder entrar, para poder tomar.
Ese espacio es lo único que necesito para descansar por las noches.
La independencia que tiene un supuesto en no depender de nadie, ese espacio era la mía y seguía necesitando comida, techo y dinero para ser.
Entonces, el pequeño espacio es lo que libera al ser para ser completamente diferente al otro, para hacer lo opuesto al otro y continuar compartiendo un espacio.
El respeto al propio espacio, hace respetar sin problema el espacio del resto, de hecho, hace valer el de todos siempre.
El pequeño espacio es nuestra única oportunidad de libertad en una demanda de ideas, que, si el amor es de siempre compartir, el amor es de un tiempo donde puedo disfrutar lo que más me gusta hacer.
Un espacio donde necesite mi espacio, es definitivamente, donde no veo mis zapatos, mis libros y no piden permiso para entrar o tomar.
Un espacio que es mi espacio lo celebro más con libertad, lo comparto en la misma forma de preguntar, y poder aceptar o rechazar.


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