Que nunca es demasiado tarde...
El silencio ha ganado luchas donde quizás las palabras han estado inoportunamente.
Pero la voz debe derrocar el silencio cuándo este es letal.
Se ha vuelto complejo también para el poder mantener el silencio en sus fieles seguidores o en sus temerosos oponentes, con información que vuela a través de clics es más seguro hablar con la certeza de que llegará hasta donde deba hacerlo.
Quedarnos en silencio en la oportunidad de hablar puede ser necesario para vivir, vivir en un eterno silencio para quien sabe que puede hablar debe ser lo mismo que morir.
El silencio ha fijado las dictaduras porque supone el poder, ha logrado callar la hambruna, abuso, violencia, delincuencia y hasta muertes que son necesarios para mantenerse con el poder.
Hasta el más temeroso se cansa en algún momento de temer y se atreve, es eso lo que representa un límite para llenar, descargar, guardar, llevar y soportar. Que no está hecho precisamente para todo, con todo.
Que si puede con algo es precisamente con su propia capacidad, de allí la hambruna, abuso, condena y muerte debe parar, que después de décadas ya no se puede más, no es justo, realmente no es justo en libertad y con voz vivir eternamente condenados en silencio.
Tuve la oportunidad de visitar la Habana una vez, tengo el recuerdo intacto de gente súper calidad que en silencio por dictadura bailaban brutalmente una salsa, amables y bromistas se apoyaban entre todos para soportar lo que se supone debían soportar, esperaba que eso no fuese eterno, el silencio.
Esa voz que se ha cansado de no ser, esa gente que se ha cansado de ser.


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