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Una vida de CULPA...

La culpa...

Bien son decisiones.
Bien son pensamientos.

          Lo único que acompaña durante todo el camino son los pensamientos a esas decisiones, rechazando la responsabilidad, aceptando la culpa.
                La culpa exclusivamente de quién mintió, quién hizo, quién no hizo, quién se quedó, quién se fue, quién nos obligó, quién no nos dijo, y quién, y quién, siempre es el quién, cómo, cuándo y dónde de la total responsabilidad de nuestra terrible vida.
                Pasos que solo consiguen mover nuestras decisiones, enteramente a nuestro servicio. Pero seguimos asumiendo la pasividad como la nuestra.
                      La única idea para el lamento.

                      La vida que logra comprenderse solo al voltear, desde la culpa una vida totalmente ajena.
                      Una que solo ha corrido por suerte en las decisiones del resto sobre la vida.
                       Del lamento la pena, la verdadera pena al ser una vida de todos, por todos.
               Y la libertad supuestamente muerta, cuando aceptando, sin luchar, sin pelear, cediendo e ignorando trabaja exactamente como la voz que grita una vez cansada: No tolero más esto y se marcha.

En la libertad de culpa.
Siempre hay libertad de decisión.

                  Decidiendo, asumiendo responsabilidad la vida es propia, única, puede ser diferente, de oportunidad, cambios y camino. La única con señal de nuestra historia con tropiezos para la configuración, pero la decisión de no ser únicamente lo esperado, lo obvio y completamente el resultado.




 

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