Lo siento...
Lo siento...
Es una sensación de verdad, porque las flores del siguiente día, las próximas, las futuras y todas las anteriores pueden ser el camuflaje de una intención detestable verdadera. No se siente, se dice sentir y resulta convincente. Así es preciso reconocer para sentir, para decir, para cumplir y para hacer de verdad.
Cómo todo lo que hemos logrado diferenciar, la disculpa también parece ser una de ellas, y hombres no se disculpan tan fácil, porque son la fuerza, autoridad y poder, haciendo lo que se cree se puede hacer, que es normal y no necesita un reconocimiento más tarde.
Y pasan muchas cosas, como el entorno donde crecemos, siguen pasando cosas, como la actual sociedad que conformamos, parece que la disculpa se ha vuelto escasa, sin ningún tipo de diferencia se siente que tengo la razón. Tengo la libertad para decir y hacer, aquello suficiente para tener razón todo el tiempo.
De verdad que la sensación es de muchas ideas, debilidad, menos de lo que se considera ser y un montón más de supuestos erráticos. Y la disculpa esperando, muere cualquier respeto, admiración y hasta amor.
A veces reconociendo y siento que de verdad he fallado, pero hay algo que en el entorno hemos aprendido, que en la sociedad hemos celebrado, orgullo.
Orgullo, una pizca de tener la razón por encima de cualquiera, no por tenerla de verdad, por asegurarla necesariamente sin vuelta atrás. Así es el poder de creer.
Comentarios
Publicar un comentario