Tengo la verdad...
A veces pienso que tenemos la verdad...
Sí. Cuando consideramos decir y hacer con toda la razón, de ejemplo es lo que se aprende para decir y hacer en determinadas situaciones o en cualquier situación. Repitiendo la razón de haber sido de una forma en cualquier situación.
La situación relacionada con tanta educación asegurada en la verdad o definitivamente la comprensión de que esa es la única verdad de la realidad.
Continuando en la verdad, de ser así porque así lo aprendí, sin el mínimo interés de cuestionar aquella única verdad. Así perdemos la intención de la curiosidad, la valiosa duda que nos lleva al límite de experimentar, a la intención de buscar y llegar a encontrar quizás, con el desborde de intensidad que experimenta haber encontrado hasta una verdad real.
La curiosidad enferma en un principio de aceptación, agoniza en una justificación de aceptación y finalmente muere con la idea de morir siempre siendo cómo me criaron.
Y así he visto por largas generaciones que el hombre es de la calle y la mujer es de la casa, el hombre es de pantalones y la mujer de faldas, el hombre es el poder y la mujer debilidad, el hombre es de respeto y la mujer de obediencia.
Y así definitivamente son el complemento perfecto de la creación superior, los eternos opuestos que mejor coinciden en la vida.
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