Límite y amar...
Bueno, no podemos señalar que tenemos el mejor acuerdo para ser lo que queremos ser, porque existe un poder de deber ser socialmente. Y nuestra propia felicidad es a tantos pasos del sufrimiento, increíble que como seres libres consigamos pensar bajo el límite especialmente, aquello es lo que resulta en un mal funcionamiento de nuestros verdaderos recursos. Un sueño de nuestra propia capacidad.
Quizás no nos guste
tanto los límites, pero es lo que nos forma para naturalizar, con naturalidad
en creencias tenemos a personas que aman limitadamente, que dicen
limitadamente, que piensan limitadamente y que consiguen ser justo a la medida
de lo que establecen. Y una vez leí que amar es para valientes, debe ser y no
por la atención del deber social, sino por la única obligación hacia nosotros, de
lo que sentimos realmente expresarlo y no sufrir más. La felicidad es algo tan propio
que, como en nuestros desmedidos sueños, la felicidad tampoco le sirve un límite
para vivir y así es ajena de cualquier tipo de orden exterior.
En nosotros mismos es
lo que podemos soñar, anhelar, disfrutar y con gran responsabilidad decidir, la
felicidad está en lo que decidimos ser libremente y aunque aquello nos valga el
rechazo social, realmente ¿Quién aprecia un límite de vida?
Seguramente quien no tiene para soñar, anhelar, disfrutar y decidir. Quien no posee por su acuerdo con el sufrimiento, y no es que sea simplemente lamentable, es una base cultural lamentablemente.
El deber en la sociedad es ser heterosexual, así es cuando se acepta, así es cuando no se pregunta, porque se asume automáticamente y así mismo es cuando debes temer, ocultarte y sufrir, sin que lo puedas dudar entonces está mal. Y así eres tan cruel como el resto por rechazarte como realmente eres, por no valorarte. La felicidad surge cuando decides no temer más y reconocer, aceptar y vivir bajo ningún límite de amor.
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