2017
Hace poco me salió una notificación de lo que fue el oscuro año 2017.
Pero quizás no es marcada diferencia del año 2016, 2015, 2014, 2003 - 2002.
Es decir, que en una dictadura los años nunca marcan el final para el inicio, o un inicio de verdadero trabajo. Al menos no para los sueños, metas y el futuro que mueren con la esperanza de libertad cada día, cada noche, en cada lucha. Cada, de oportunidad que esperamos.
Es difícil recordar aquel año con la fuerza de lucha y la esperanza de cambio.
Aunque impensable, recuerdo que fue maravilloso en una imparable fuerza de juventud por la lucha de nuestros sueños libres.
Sí, ser Doctor (a) es un poder de libre decisión; en dictadura es una condena y obligación de trabajar con limitado personal, escasez de insumos, angustiantes cifras de padecimientos y miserable sueldo que no alcanza para volver mañana en bus.
Y la esperanza de cambio que nunca nos reconoció la valentía, los muertos, los heridos y las lágrimas para establecer el miedo, aumentar la cifra de muertos y heridos. Nada cambió, siempre había razón de llorar por cada injusticia.
Es difícil recordar aquel tiempo y nuestra lucha, nuestra esperanza.
Y la libertad de decisión para mirar a dónde ir entonces, con la misma lucha para empezar desde 0, con la intacta esperanza de futuro.


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