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BETTY COLOMBO - AMAMOS Y NOS AMAN DESDE EL PERDÓN...


Para el tema, de entrada Betty me dijo “Las heridas también son graaaaaandes fortalezas cuando se vuelven cicatrices”. Y me quedó por largo rato pesando sobre el resto de mis pensamientos, pensaba justamente que cuando llegamos a comprender realmente. La conciencia de la realidad de gustos, preferencias y decisiones de cada día, porque de principio e inevitablemente aprendemos en una cantidad notable de ser muy bajito, muy alto, muy flaco, muy gordo, muy blanco, muy negro, con mucho pelo, con poco pelo, muy raros, muy diferentes, muy niñas, muy machos, muy feos y bonitos en el único valor de serlo sin mayor esfuerzo, es decir, aprendemos a rechazarnos con ideas contadas de defectos y debilidades.

Ésta es una historia y es cada historia de convivir y especialmente, de sobrevivir a la sociedad del más fuerte, no hemos logrado avanzar tanto del conocimiento de Darwin, somos una sociedad de frágiles ante los más fuertes que lideran el grupo de acoso y abuso, ante los más fuertes que son los más cercanos a nosotros para causarnos el mayor daño considerable.

Los más fuertes, sí, son aquellos que logran prevalecer en el recuerdo, con unas palabras que marcan un comportamiento inseguro, creyendo cada una de ellas en el esfuerzo de transformarlas finalmente para ser libres. Libres en la tarea de aceptarnos.

Las palabras que pueden ser una incomparable melodía para nuestros oídos, TE AMO es la música para vivir, cada paso hacia delante es una satisfacción, la plenitud y el logro.

Eres fea, incompetente, estúpida, mongólica, desagradable y una infinidad de palabras que se agrupan únicamente para el sonido eco en nuestra cabeza permanentemente. Y vivimos con la limitante de algunas palabras.

Entonces, son las palabras, de quien las dice y cómo las dice para nuestro camino de experiencias.    

Ésta es una historia y es cada historia repetida en la seguridad de las palabras. Desde que somos niños y vamos creciendo poco a poco o de un tirón con las experiencias del entorno. Aquellas que nos hacen tener el conocimiento de ahora, la fuerza de levantarnos una y otra vez y utilizar el dolor para desarrollarnos únicamente en la libertad de amar.  

Ésta es una historia y es especial, me he visto un par de veces en Betty, cuando me reclamaba por no ser de una forma, como otras y evitar las críticas. Pero ser yo era la única forma de ser hoy. Y tal como aprendió Betty, aprender era la única salida.

Ésta es una historia y es como cualquiera, que compartimos el secreto de las cicatrices que nos dejan graves heridas de mirarnos a un espejo, de competir y participar en un mercado de la belleza reconocida, modelada y anhelada. Quizás hoy, todavía pensamos a ratos por el único valor a la belleza, por las considerables reglas de ser bella.

La belleza no es el problema. Son el montón de ideas en palabras destructivas que nos condicionan a una forma especial de necesidad. Valor, amor, admiración, seguridad, respeto, fortaleza y la felicidad.


BETTY COLOMBO.

Esta es la historia y no se debe alterar en nada.

La única realidad de y para ser fuerte ahora. 

Hola, voy a ser completamente vulnerable, con la esperanza de que mi historia sirva a quienes me escuchan. Primero, no sé si conscientemente he luchado, al comienzo de mi vida se trató de sobrevivir. Cuando era pequeña, siempre me recuerdo más sensible que los otros niños y niñas. Tipo escuchar alguna etiqueta hacia mi persona, tenía un impacto en mis emociones gigante. Mi mamá dice que fui un bebé que lloraba demás, sin cesar de difícil sueño. Creciendo podía reconocer las emociones de otras personas, incluso en mi propio cuerpo. Lo complicado de esta sensibilidad que me caracteriza, es el ambiente en el que crecí.

Mis padres han sido las personas que más me han amado y al mismo tiempo, que más daño me han hecho. Cuando era niña, me importaba poco mi apariencia física, disfrutaba vestirme cómo manera de expresión, pero me costaba peinarme o manejar mi cabello, ondulado. Mi mamá tengo que admitir, no es una persona de mañana. Trabajaba demasiado y el levantarse temprano para prepararme para la escuela, se lo dejaba a mi nana, quien lo hacía con todo el amor. Sin embargo, mi nana no siempre estuvo ahí.

Mi mamá se levantaba de malhumor, quizás frustrada qué sé yo, y arremetía contra mi cuerpo, específicamente mi cabeza. Me golpeaba con un cepillo para secador, descargando su ira sobre mí. Yo trataba de controlar mi llanto, porque a medida que lloraba me insultaba. Me sostenía la cara frente al espejo y me decía que era una niña fea, que era mongólica. Se repitió, bastante tiempo a mis 6 años; pero lo más doloroso fue preguntarle a mi maestra que era ser mongólico, a lo que con su conocimiento de la época me dijo que era ser retrasado mental. (creo que mi mamá pasaba una psicosis post parto, pero ajá). Me rompió el corazón, no sé cómo describirlo de otra manera, tenía solo 6 años.

Y me recuerdo a mis “30” de ese lunes por la mañana. Años después, salió una novela llamada ´´Betty la Fea’’ para mi mala suerte. Me llamo Betty, usaba gafas y era una alumna sobresaliente. Me esperaban en el salón, para cantarme la canción de esa novela a todo pulmón.

Decidí, que no quería que ningún adulto de mi familia me educara. Busque un transporte, para que no me llevaran. Me levantaba de madrugada a jugar, a ver las estrellas con mi telescopio. Me inscribí en un grupo de astronomía. Empecé a nadar, y me di cuenta que era algo que me hacía bien y lo mejor, algo en lo que podía ganar. Aunque seguía siendo sobresaliente, nunca me sentí capaz intelectualmente, crecí desconfiando de mis capacidades mentales. Igual qué más daba, era Betty la fea. Pero cuando me fue increíble en natación, sentí que valía, porque la gente me respetaba. Y ganarse el respeto era algo que yo nunca había conocido.

En mi adolescencia, obviamente siempre me sentí una niña fea, ni siquiera capaz de competir con mis compañeras por la atención de los niños. Como no estaba en mi panorama, simplemente me enfoque en desarrollarme artísticamente tocando el Fagot, sin saberlo me abrió mil puertas. Aprendí tres idiomas a una edad temprana, y esto me emancipó. Percibía un sueldo, igual al de mis padres y mi ego se elevó. Tenía un secreto muy profundo, tenía un hábito de restricción de la ingesta, preocupación por mi peso. Nunca lo comenté a nadie. Un profesor se dio cuenta, lo que hizo fue humillarme. Lo agarro a chiste frente a la clase. Afortunadamente no me importaba, porque honestamente, me sentía superior.

Te puedo decir, que en mi adolescencia conocí psicópatas, violadores, narcisistas, manipuladores. Punto a favor, mi sensibilidad. Yo sabía cómo se sentía la vibra de la maldad y eso me salvó, aunque a algunas de mis compañeras no, y pude ver y sentir la indiferencia de los adultos que me rodeaban, de igual forma, crecí sabiendo que no podía confiar en ninguno de ellos.

Una amiga, fue la persona más dulce que había conocido. Se llamaba Camila. Fue mi primer amor, obviamente nunca correspondido. Ella me enseñó a peinarme, maquillarme y todo lo que sabía de la moda. Así fue como prácticamente entre al mercado de los chicos. Tuve mi primera pareja, fue muy lindo. Hasta que, una vieja herida de rechazo se activó. Mi pareja pensaba que yo era una mujer fea. Me lo comentaba todo el tiempo. Luché por mantenerme en pie por años, pero ya ni siquiera el ego que tenía me quedaba para hacerlo. Me salí de ahí, lo mandé a la verga.

De los hombres, yo no sé, pasó mucho tiempo en mi vida para poder entenderlos. Mi papá puedo decir que ha sido uno de mis mejores amigos y una guillotina. Sin embargo, le preocupaba mi trato con varones. Era abusivo físicamente, me golpeaba la cara, me tiraba al piso y yo podía sentir el no control de mi cuerpo. Me agarraba a patadas. La gente lo sospechaba, pero era muy humillante reconocerlo.

Así fue como también lo mandé a la mierda y me prometí que nunca más nadie me iba a abusar, violar, golpear y hacer lo que le diera la gana conmigo. Primero, cómo salir de la debilidad que me había provocado la anorexia por tantos años. Conocí el crossfit, mis entrenadores se preocupaban al ver mi delgadez y mi debilidad. Era impresionante, mi poco cabello, mi palidez.

Salía de ahí sintiendo que me moría, pero iba todos los días antes de ir a la universidad. Pasó el tiempo y empecé a comer mejor, mi cuerpo cambio, pero mi mente aún más. La última vez que papá me golpeó, me tiró al piso, pero me pude levantar y tomar su mano mirándolo a los ojos diciéndole ´´Tu más nunca me vas a tocar´´ tenía la fuerza que tanto quise desarrollar.

Me gradué de psicólogo, ejercí, migré. Seguí levantando pesas, me convertí en levantador profesional. Gané primer lugar en categoría -57 de powerlifting en Chile en el año 2021 y 2022.

Tengo aproximadamente 10 años en proceso terapéutico. Tuve depresión en el 2008, 2014, 2020. Mi trastorno dismórfico se origina de un trauma infantil. Por más que me miro en el espejo, me veo físicamente fea, me coló en los huesos, destruyo mi autoestima. Todos los días experimento respuestas de asco y arcadas a alimentos, a mi cuerpo, a situaciones. Todos los días me entreno, para entender que son solo ideas, que no son la verdad. Que le he echado un camión a la vida, que merezco estar aquí. Que tu cuerpo es pasajero, no importa cómo te ves sino como te lo gozas. Me disfruto en movimiento y me disfruto sin hacer nada. La herida de rechazo y humillación que me acompaña junto con la emoción de vergüenza y asco (las emociones bases de la dismorfia y la anorexia) son las heridas maestras que me enseñaron a utilizar el dolor cómo potencia, cómo sanación ya que aprender de ellos era mi única salida. Y cada día sigo aprendiendo y creo que por eso vale la pena vivir.

Conservar la esperanza es clave, confío en que he salido de la mugre antes y que si caigo puedo salir otra vez. Con la depresión ayuda el meditar, el agradecimiento de las pequeñas cosas de la vida, a veces son las que más importan y vivir agradecido es vital para cosechar la abundancia. Entreno la generosidad todos los días y la mayoría del tiempo, ahora me siento positiva valorando todo lo que he logrado.

La vulnerabilidad es nuestra única fuerza para afrontar. De la aceptación y reconocimiento de nuestro pasado, nuestras faltas y decisiones. Inevitablemente ahora somos.

Lo que pasa con lo que intentamos mostrar al resto, es que sí, es un personaje. Somos nuestra persona, en el ámbito social. Sin embargo, el trauma o ciertas situaciones o emociones son indisimulables. Parte de reconocer nuestra historia es poder verla tal y como fue, por muy doloroso, vergonzoso o cualquier otra connotación. En proceso terapéutico he aprendido que lo que he callado, me carcomía por dentro, más allá del camuflaje. Porque yo si soy experta en eso del camuflaje. Muchas veces mentí al compartir mi historia, por vergüenza de quien era y a cambio de obtener respeto y validación. Esto sucedía de manera inconsciente, pero ya la gente podía notarlo.

¿Dónde lo experimenté? En mis relaciones de pareja, sobre todo. Primero, tratando de escoger parejas lo más distintas a los valores de mi familia, donde sin saberlo, terminaba relacionándome con hombres violentos, machistas, en lugares donde la apariencia, el estatus y lo material es primario (Paradójico, que esos ambientes son los más detonantes para mi). Así le daba mucha importancia a mi físico, porque había construido un personaje de mujer exitosa, muy hermosa, independiente, con grandes habilidades de comunicación, pero honestamente muy insegura, en ocasiones promiscua y se me iba un poco la mano con más sustancias que el alcohol. Al final, me sentía tan destruida como esa niña de 6 años, era cíclico, pasaba una y otra vez.

Quería que eso parara. No podía seguir así, el suicidio no era una opción, así que algo tenía que hacer. Desde niña supe que iba a estudiar psicología. La primera vez que fui a psicoterapia a eso de los 9 años, por problemas de insomnio y bullying, pude vivir un proceso de psicoterapia grupal. Era un grupo de terapia de juego que duraba un año. Sentí tanto alivio y experimente tanta sanación, junto a mis compañeros, que decidí, que quería ser esa persona (la psicóloga) cuando fuese grande.

Me propuse ir a la universidad para estudiar psicología. Lo primero que yo sabía es que quería ser psicoterapeuta. Y que, para eso había que acumular horas de vuelo en el diván. Desde el primer trimestre de la universidad asistí a psicoterapia, un gran privilegio. Complementaba lo que aprendía cómo paciente con lo que aprendía en la uni y viceversa. No he dejado de asistir a psicoterapia, me he dado pausas necesarias para continuar.

 De a poco con mis distintos terapeutas (grandes maestros todos) pude ir profundizando en mi nivel de conciencia de mi verdadero yo. Pude validar mi historia como la sentí. Validando cada cicatriz; lo cual me ha tomado unos 10 años más o menos. Una vez que tenía consciencia de mis cicatrices, cada vez con una mirada más compasiva y responsable, pude ver la manera en la que reaccionaba a detonantes o, mejor dicho, ser yo la violencia que tanto reprimía haciendo daño a mí y a otros. Validando mi historia deje de ser víctima. Entendiendo mis patrones y deteniéndome cuando reacciono en automático para hacerme responsable.

El tercer paso fue tomar la vulnerabilidad como un valor en mi vida y luchar con todas mis fuerzas para no derogarlo. La vulnerabilidad se compone de 3 dimensiones coraje, compasión y conexión. Coraje es mostrarse y atreverse a ser lo que uno es sin mascaras. Compasión es aceptarnos imperfectos y aceptar nuestra historia cómo fue, nuestros errores, las veces que dañamos, incluso aun amando y aun así podernos ver con amor, perdonándonos para poder perdonar a otros también, aceptar que todos la cagamos, pensar que estamos acá para aprender. Si cumplimos estos pasos, llega la conexión. Tu pareja, tus amigos, tus vínculos que se sostienen en este valor son significativos, auténticos, potenciadores y lo mejor, la forma en que sanas en conjunto, solo y acompañado.

La belleza en un problema que desarrollamos a partir de ser únicos, diferentes.

La belleza en un problema que desarrollamos de la condición de ser sociales, la aceptación del grupo. 

Que desarrollamos a fuerza de pocos, con la mayoría reconocida, valorada, si ningún esfuerzo.

Sí, la belleza no es el problema. El problema son las ideas que van cargadas al concepto de belleza, que a veces vienen de la desvirtuación del significado de estética. Una necesidad humana importante es pertenecer. Ser aceptados y valorados por nuestros padres, nuestros amigos y nuestro grupo. El pertenecer es un acto que se les niega a muchos, sobre todo cuando no se cumplen con los requisitos para ello (volvemos a las etiquetas). El bullying es un tipo de violencia que te excluye, es decir, te rechaza (sobre todo en la presencia de alguna desventaja física o psicológica de la víctima) y te humilla, es decir, te despoja de tu valor como ser humano. Son dos heridas muy profundas, que a menudo provienen de la infancia. En ocasiones, el rol de víctima se arrastra, por años, sobre todo si la persona no cuenta con los recursos materiales y emocionales para hacerse cargo y además ha vivido procesos de revictimización.

 No entiendo como una situación cómo esta puede ser graciosa, no tiene que ver por haber sido víctima de bullying o por la falta de empatía. De hecho, las risas colectivas, la sumisión de algunos o las miradas que se paralizan, son respuestas humanas ante el dolor, ante el daño. La violencia, así como el amor, es una energía expansiva. No se detiene. Genera mucho daño. Somos seres humanos que repetimos, y la violencia es una de nuestras repeticiones constantes. La manera de evitar la repetición causa del malestar, es creo yo, la responsabilidad y el autoconocimiento. Y yo decidí trabajar para poder construir un espacio de congruencia para que crecieran esos dos ámbitos, trabajando duro, con integridad.

Constantemente me hago estas preguntas ¿Cuándo soy violenta?, ¿Cuáles son mis heridas?, ¿Qué me hace reaccionar?, ¿Qué introyectos me hacen daño? ¿Qué es lo que puedo mejorar?, ¿Con qué cuento para lograr mis sueños? Creo que en el espacio de todas esas etiquetas empecé a sembrar interrogantes, para asegurarme de decidir que fuesen ideas que me definieran de verdad. Estoy cada vez más en paz conmigo y mi cuerpo. Dejé de competir, renuncié a las dietas, ya no monitoreo mi peso.

La manera de reconocer nuestras debilidades, es el autoconocimiento. Actualmente he podido darme cuenta de cuáles son las creencias que me anclan en el estancamiento de ciertos estratos de mi vida como lo es ahora el estrato profesional o laboral por así decirlo. Nuestras debilidades cambian a lo largo de la vida. Por mucho tiempo mi debilidad se ancló en mi cuerpo, trabajé arduamente para fortalecerlo. También conservo cierta tendencia a la neurosis y a ideas que tienden a hacerme daño, por ello, la forma activa de trabajarlas es asistiendo a terapia y realizando constantemente tareas de auto- observación, reflexión y rituales que me simbolicen cosas. Ahora estoy concentrada en fortalecer mi relación con la productividad y la abundancia. Creo que la fuerza es el resultado de la energía consciente que destinamos a hacer disciplinadamente lo que tenemos que hacer para crecer, cumplirnos nuestras promesas con resiliencia incluso en los días malos o con baja motivación. Tener pasión ayuda también, recordarte para qué quieres las cosas y creerse merecedora de esas cosas.

La pregunta es oportuna para escuchar, para escucharnos y decidir.

El respeto son los señalados límites de una relación igualitaria en la libertad para amar. 

Pienso que todos los seres vivos merecemos respeto. Cuando trace mis valores, el respeto por todos los seres vivos también se dirigía al planeta. Por eso por congruencia decidí dejar de comer animales ya que he visto de primera la manera en la que se les sacrifica, decidí no usar plásticos y no comprar ropa en retails, solo rehusada por ejemplo. Pienso que el respeto en las relaciones parte de conversar y respetar los límites de quienes te acompañan. Nunca dar por sentado a nadie, siempre preguntar, nunca asumir. Intento (porque también me equivoco) no emitir consejos que no me piden, ni opinar de cuerpos ajenos, por ejemplo.

En pareja, está bueno hablar de los límites y de las expectativas que tiene cada uno sobre su pareja, sobre su relación y para con uno mismo, nada está escrito en piedra y todo puede cambiar, al igual que los límites que se planteen.

Padecer en cualquier forma es llegar a sentir el amor de verdad. Cuando te aman, te dicen y lo expresan.

Pienso que Camila hizo lo natural, me escucho con compasión, levanto mi autoestima y creyó en mí, en ese momento pensé que eso era amor. El concepto de amor ha evolucionado en mi vida con el tiempo. No siempre supe lo que quería de las relaciones, pero si lo que no quería. Desgraciadamente, en el inconsciente se guarda todo aquello que uno quiere dejar atrás. Termine en relaciones abusivas, incluso escogiendo todo lo opuesto a lo que yo veía en mis padres, de alguna manera eso desencadenaba.

Creo ahora en un amor reciproco, en la intención de dos personas de darse afecto, de hacerse bien, de ayudarse a crecer y de apoyar los proyectos del otro, aplica para los amigos y familiares. No sostengo vínculos que no me sean nutritivos, así sean de familia. Entiendo que las personas pueden tener valores distintos a los míos, pero evito relacionarme con personas que sostengan valores completamente opuestos, no puedo amar ahí, entonces ninguna razón para quedarme. 

Creo que el amor libre está lleno de integridad, de acuerdos, de benevolencia y expansión. No siempre va conjugado con etiquetas sociales, con roles determinados. Amar es aceptar a otra persona completamente distinta a ti, su historia, sus traumas, sus sueños. Y en caso de verme en un lugar donde no pueda aceptar, pues no amo y ya.

Ahora tengo vínculos más selectivos, sobretodo estoy cerca de gente que puedo amar.

UN MUNDO DIFERENTE DESDE ACÁ

Cómo esa niña de seis años. Sensible para vivir la realidad.

Los padres no son expertos, nuestros padres no son expertos, no son perfectos y cometen infinidad de errores. Al menos eso siempre escuchamos y repetimos en el camino hacia la comprensión. Es una búsqueda desesperada de razones, creencias y respuestas que solo pueden satisfacer nuestra necesidad de lo incierto, injusto y doloroso. Naturalmente cometen errores y eso siempre lo escuchamos para llevar un verdadero peso sobre el perdón, aquello tan difícil de liberar y ser libres para amar de verdad. Cuando no hemos sido amados, cuando del amor hemos vivido especialmente el dolor, cuando no sabemos amar, porque aseguramos el dolor. Es perdonar grandes errores que solo han sido superiores por quien los comete conscientemente y falsos ante la creencia de protegernos y amarnos incondicionalmente.

Son esos padres que quizás aprendemos a amar desde el temor de rechazarlos y ser castigados, son esos padres con una clara señal de dolor que son nuestros padres y únicamente tenemos, son esos padres que se alzan sobre nuestras heridas de sus grandes errores y llevamos cómo cicatrices permanentes; nuestra relación es tan umbilical donde no podemos separar nuestra historia de ser precisamente hoy. Así son nuestros padres; nos han dado la vida y nos atienden toda su vida, aunque esa vida sea indeseable para cualquiera, es una vida que hemos vivido para aprender también a decidir dejar atrás y avanzar. La vida de las decisiones ha sido la verdadera oportunidad de Betty para trabajar sobre sus propias faltas, crecer en la armonía de su cuerpo y mente y levantarse cuando simplemente quiere permanecer en el suelo, cerquita de su dolor.   

Definitivamente sí, es un poco innecesario que la fuerza venga precisamente de tanto dolor, porque seguramente ninguno deseamos llegar a ser tan fuerte de superar el abuso y no ser abusivos. Pero el dolor es inevitable a la naturaleza de ser conscientes de nuestra realidad, una realidad de injusticia, maldad y en la experiencia, tan solo es decidir no vivir en el dolor eternamente, en la consciencia de ser abusados, culparnos y culpar, odiarnos y odiar. Es el sentido al dolor que consideramos una vida fuertemente para la transformación, amamos y nos aman desde el perdón, liberando traumáticas ideas de amar, compartiendo nuevas razones de amar. Ser agradecidos, vulnerables y aceptar nuestro pasado para un presente de acción, ser aquello que consideramos únicamente de propio en la capacidad de decisión, reflexión y comprensión, entonces, auto-observarnos habitualmente para determinar el error que poco a poco crece en la ignorancia y de rutinas veloces, sin tiempo para la pausa.

Mi querida Betty. Sí, me siento cercana para contar que has tenido tantos logros como pérdidas en tu vida. Aquella pérdida de la inocencia, confianza, seguridad y hasta el amor propio que es solo parte del pasado. Fueron verdaderos errores en la dificultad de ser padres. Fueron grandes faltas y no venimos a romantizar con la acostumbrada, forzada idea de comprender. Estamos para realmente llegar a comprender que has sido la víctima y ahora especialmente, eres responsable del gran logro para la sanación, de buscar y pedir ayuda cuando no podías más, cuando reconociste que lo necesitabas, porque aquellas heridas sí son profundas, tocan cualquier deseo de salir, las cicatrices nos marcan y necesitamos el apoyo para comprender que no nos definen. Ser vulnerable reconociendo.

Afortunadamente has ganado y es el verdadero logro a vivir determinadas experiencias. Has ganado grandes profesores, has ganado la fuerza de lucha, has alcanzado mayor consciencia de tu responsabilidad y sobre las decisiones y has ganado un amor libre que corresponde a la aceptación de quién eres completamente.

Gracias.



 

 

 



 

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