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LA PROPIA TRANSFORMACIÓN...


Naturalmente sufrimos una infinidad de ideas que nos condicionan hacia una búsqueda permanentemente. Aquellas creencias que son parte de nuestro especial anhelo para la vida que tememos de la muerte, son las únicas que conseguimos valorar en un reforzamiento social. Dicha sociedad del logro que señala un comportamiento para el futuro ha sido completamente dependiente de un logro, específicamente, de lo que nuestro entorno considera y nada más en una evidente medida del tiempo. “El tiempo vale oro” y es una razón que excedemos para el desesperado encuentro de la felicidad, la comprensión de un sentido y en el amor que idealizamos eternamente.

Para el tiempo es una creciente velocidad, de la cual no podemos escapar y somos una regla de impacientes, ansiosos y viviendo la frustración. Una sociedad modelo que nos prepara ante la única realidad de la muerte. La verdad y es una razón absolutamente subjetiva de la que cada uno puedo llegar a considerar y defender es una realidad dolorosa sobre un tiempo que avanza, no se detiene por nuestra crisis existencial de la realidad estructurada. Y el cambio es una oportunidad de decidir liberarnos para una búsqueda plenamente consciente de la propia felicidad. El cambio es aquello que establecemos para vivir el presente, el cambio es una experiencia del pasado que nos libera para tomar la única decisión de ser responsables.

Entonces, hablar del cambio es una necesidad fundamental de la sociedad creyente que nos condiciona para la felicidad del logro. Hablar del cambio ha sido una gran oportunidad de sentarnos tranquilamente y desahogarnos cuando vivimos a la velocidad de una realidad. Cuando hablaba con Migday, inevitablemente cuestionamos nuestra propia realidad presente en una forma consciente de que cada día luchamos y nos esforzamos por transformarnos en una sociedad del amor. Amándonos, para la decisión de amar plenamente y en la condicionalidad, amando lo que hacemos especialmente, en la decisión definitiva de cambiar una seguridad laboral y amando a la persona, la decisión de amar libremente y ser compañeros en el camino.  

Realmente ha sido una gran oportunidad del cambio que hemos logrado como sociedad plenamente consciente de nuestro presente, pasado y futuro. Una decisión que nos ha permitido aprender y valorar nuestros propios errores. Aquellos que tenemos para agradecer vivir cada día.

 

MIGDAY GIRÓN.

Somos una sociedad consciente que ha evolucionado en una gran decisión de la propia felicidad.

Yo pienso que, éstas nuevas generaciones, la generación de nosotros, por ejemplo, entre los 20 y 35 años, hemos tenido que atravesar por nuevos y diferentes momentos. Atravesar por momentos sociales y económicos difíciles; vivir en los últimos 3 años y medio la pandemia del Covid. Tener que emigrar por diferentes razones de nuestra sociedad Venezolana, entonces, muchas veces pensamos que, esta generación, la que se llama “generación de cristal” entre comillas es muy frágil y yo pienso que, muy por el contrario. Creo que tenemos fortalezas para adaptarnos, reinventarnos, tomar decisiones.

Y yo me atrevería a decir que en los últimos 30 o 20 años nos hemos formados con mejores herramientas para la vida, más acceso a la información, incluso. Y nos hemos permitido de construir y entendernos en la esencia del acompañamiento psicológico, que ya no es tabú y que nos permite acompañarnos en las dificultades y en las elecciones de la vida.

¿Por qué te digo esto? Porque es así como hemos saltados nosotros en los períodos o en las épocas de la civilización. Ya no seguimos evolucionado en forma, sino que venimos evolucionando en consciencia. Esos cambios, a los que nos hemos venido (digámoslo así) acomodando para evolucionar, para avanzar, son decisiones que hemos tomado al momento de romper ese paradigma, de romper esa expectativa que tenemos socialmente. A nosotros nos diseñaron para una sociedad del éxito, para una sociedad del triunfo y lamentablemente ese era nuestro ideal, con eso nos formamos, no teníamos espacio para la frustración, para la tristeza. Y ahora fíjate como un joven dice: “Bueno, yo ya no quiero trabajar más en ese trabajo, porque no me gusta el jefe, porque no me gusta la paga, porque no me gusta el ambiente laboral…” y simplemente renuncia, sin miedo a, perder un sueldo, una estabilidad, sin miedo a que me critiquen.

O muchas veces, lo vemos desde la perspectiva de nosotras como mujeres, que tomamos la decisión de no casarnos, de no formar una familia o simplemente no tener hijos. Esto hace parte de ese proceso de decisión, de nuevas expectativas que nosotros tenemos con la vida.

No estamos obligados a ser parte de una sociedad que nos promete el éxito y simplemente estamos viviendo la transformación de nosotros a diario, porque diariamente nos transformamos. Yo puedo salir hoy a la calle y estar molesto, y la palabra de una persona que yo ni siquiera he visto, me hace a mí comprender otra realidad del mundo; me hace a mí tener otra perspectiva del mundo y eso significa una transformación en mi comportamiento.

Desde mi punto de vista, he tenido que realizar cambios, he tenido que emprender nuevos conocimientos para adaptarme. Emprender una transformación cultura, una transformación en el idioma, una transformación en mi forma de dormir, de comer, de caminar, de ser puntual. Entonces, todo esto tiene que ver con la decisión que nosotros tomamos al construir nuestro futuro. No estamos en estos momentos basados en cumplir las expectativas de los demás; de papá, de mamá, de nuestros vínculos. No estamos cumpliendo la expectativa de una pareja, simplemente, yo doy, aporto lo que yo considero que hay en mí. De ahí en adelante podríamos llegar a acuerdos, pero muchas veces si esos acuerdos no se dan pues, bienvenida sea, nos despedimos y seguimos adelante. De eso ha consistido muchas veces estás nuevas generaciones, que no tenemos miedo a ese cambio, a esa transformación. Y, aun así, tengamos miedo muchas veces lo intentamos, porque decimos: “Mira, ten cuidado, esto ya me ha pasado a mí” pero es una advertencia y realmente para nosotros es eso, una advertencia, pero no significa que nos va a pasar lo mismo y nos arriesgamos.

Y en ese arriesgar están los cambios, porque muchas veces desde tu perspectiva es muy distinta para mí. Entonces, de eso se trata el proceso de cambiar. De una juventud con más acceso, con creencias que son un poco más desligadas a esos vínculos morales y culturales que venimos arrastrando muchas veces de nuestros ancestros, pues ahora simplemente se convierten en un sistema de creencia que cada joven tiene y que, por supuesto es respetable.   

El cambio es todo un proceso de reconocer nuestra absoluta responsabilidad para asegurar cada experiencia.

Realmente la mayoría de los cambios son dolorosos. En algún momento del cambio vivimos el duelo. Pero cuando hablamos de cambiar en el contexto de nuestra generación de "cristal" es muchas veces un cambio en pro de la felicidad, de una decisión que me hace feliz y libre conmigo mismo, no con los demás.

Ahora, la sociedad del éxito es relativa, por lo tanto, el éxito también, por ejemplo, tú te puedes considerar una persona exitosa porque eres emocionalmente estable, tienes un estatus que te permite relacionarte con buenas personas, tienes un plan de vida, una profesión y un trabajo. Son estándares distintos lo que podríamos manejar en torno al éxito. Si bien es cierto, todas las culturas tienen formas de planificar propias sociedades, y hay sociedades súper exigentes al punto de colocarse en los primeros números cuando hablamos de jóvenes con farmacodependencia, depresión, ansiedad, suicidio, entre otros.

Entonces, hablar de un cambio consciente, implica sabernos en un estadío emocional que va a traer incomodidades, dolores, miedos y pérdidas. Es decir, salir de nuestra zona de confort y arriesgarnos. Y eso, como lo hablamos está vinculado con nuestra cultura patria.

Creo que, actualmente en nuestra labor como psicólogos, lo primero que habría que revisar son las curiosidades e intereses actuales de cada uno de estos grupos, esto permitiría crear un mapa de trabajo terapéutico donde nos permitamos desmontar y reestructurar creencias que nos invalidan, permitiéndonos así, aliviar en muchos escenarios la frustración y el miedo "a" producto de las decisiones propias y personales de cada individuo.

Decidir avanzar es dejar una gran parte atrás. La transformación de las ideas para lograr lo anhelado.

Si, las creencias básicas que son ese compendio de elaboraciones sociales que las obtenemos de la crianza y nuestro entorno, y que están siempre rigiendo nuestro comportamiento a cambio de cumplir con esos estándares. ¿Pero sabemos realmente que están ahí? ¿Son verdaderas o falsas?

Realmente, solo sabemos que pueden llegar a generar un malestar significativo en nuestro desenvolvimiento natural, ser dolorosas, en muchos casos erradas y estas creencias son difíciles de identificar muchas veces, es como una parte inconsciente que tiene nuestro cerebro en funcionamiento, y cuando no tenemos herramientas, simplemente las arrastramos, y por supuesto, nosotros con ellas.

Con el tiempo, he aprendido a entender y escuchar mi cuerpo. A saber, cuando duele, a entender periodos de ansiedad por el futuro, a sanar con consciencia de transformación y eso también me ha permitido entender a mi entorno, desde la empatía y la esperanza que nos otorga la vida y los procesos terapéuticos. Y si, también he vivido esos momentos de "limitación mental" o construcciones sociales que me han hecho pensar que quizás "no soy suficiente o no tengo las capacidades para llegar a".

Las decisiones que siempre he tomado tienen que ver con algo interior, con mi deseo, con mi auto concepto y proyecto de vida, de hecho, por diferentes circunstancias de la vida, he tenido que ser independiente, siempre. Entonces, eso me ha empujado a salir de mi zona de confort, y soy consciente que siempre intento ir un paso más adelante del que ya sé que tengo asegurado y eso a veces genera incomodidad, angustia, pero a mí me gusta.

Eso, en cuanto a decisiones, por ejemplo: mudarme de país para estudiar, aprender un nuevo idioma para nada parecido al mío, una nueva cultura, incluso, experimentar de nuevo el amor, desde esa transformación que te hablo. Muchas veces por experiencias crueles y dolorosas tenemos miedo a volver intentar o experimentar por ejemplo "el amor" y solo luego de un proceso terapéutico y consciencia de evolución, podemos construir nuevas perspectivas.

Incluso, cuando decido aprender este nuevo idioma muchas veces me reprochaba y decía "nunca voy a aprenderlo, es demasiado difícil' inmediatamente me daba por rendida, hasta que empecé a entenderlo desde otro panorama, ¿cómo? Bueno, rompiendo con esa creencia y demostrándome que millones de personas son capaces también, que tengo motivos y motivaciones para aprender y de esa manera, entrené a mi cerebro para adaptarme a la forma de comer, a la forma de hablar, a planificar de una forma más estructurada mi rutina debido a las condiciones climáticas, a la forma en que se relacionan en este otro lado del mundo. Y te puedo decir, ahora, me siento bien con esa decisión, soy feliz de haberla tomado y estoy satisfecha de haber arriesgado.

Claro está, también hubo momentos donde tuve que cortar relaciones con familiares y amigos que no eran sanas, que no aportaban a mi crecimiento personal, que me dañaban y me hacían involucionar, quizás eso para muchos sea inconcebible, pero para quienes los límites, los acuerdos y principios están definidos, es como dejar más bien un bolso que te iba rasgando cada vez más la espalda. Entonces, de eso se trata, todos los días decidimos hacer cambios, decidimos comer más sano, ir al gimnasio, mejorar habilidades, ser mejores profesionales, hijos, pareja, compañeros, entre otros.

Pero los cambios reales deben venir cargados de un proceso de transformación donde rompamos el caparazón de lo que ya está definido por nosotros mismos, de lo que ya hemos vivido y en base a eso, tendremos nuevos horizontes donde nuestros intereses y voluntades sean prioridad.

El amor condicionalmente debe tener una transformación diaria para ser plenamente libres.

Respecto al amor es parte de esa construcción. Donde tú dices, “si me cela es porque me ama”, primero mueve esa necesidad de poseer algo que no es de nosotros y creemos que el amor es posesión y el amor es simplemente un resultado de esa construcción que yo decido tomar hoy. Cuando te decía que, muchas veces decidimos cortar relaciones con familiares, amigos, con personas que en algún momento de la vida nos dieron algún tipo de estabilidad, de amor, de intenciones para que nosotros nos sintiéramos bien y ya en algún punto es muy diferente para nosotros; lo vemos desde otra perspectiva, porque nos transformamos, porque vemos la vida desde otro aspecto. Entonces, simplemente tomamos la decisión de separarnos, y cuando te digo eso, es porque ya no tenemos la intención de querer a esa persona.

Yo te sigo valorando en algún aspecto, reconozco todo lo que me distes en algún momento, pero no puedo seguir contigo, porque me generas malestar, me generas inconformidad; siento que ya no estamos en las mismas vías, entonces, de eso se trata también el amor. De una construcción que nosotros mismos decidimos y que, nosotros mismos hoy podemos decir te amo, porque lo estoy construyendo contigo. Hoy te amo, porque es una decisión mía. Y muchas veces nos atormenta eso, de que, ¿bueno, estoy con una persona que ama o no?, ¿estoy una persona que desea estar conmigo o no? Y eso tiene que ver mucho con nuestra infancia, con nuestro pasado. Como la vida nos demostró o cómo nuestros padres nos fueron formando, también como tuvimos que haberlo vivido.

Entonces fíjate, una persona que fue abandonada no va a ver el amor desde la misma perspectiva o no va a sentir el amor en la misma magnitud que una persona que fue recibida y planificada. Entonces, siempre está ese pajarito como el de las propagandas, machacándonos encima de la cabeza con pensamientos de “si estoy con alguien es porque me tiene que amar, porque me tiene que idolatrar, porque me tiene que idealizar”. Y muchas veces no se trata de eso, se trata de esa construcción que hacemos día a día, donde hay momentos que debemos coincidir y hay momentos que no debemos coincidir y a eso tenemos que buscarle una solución. Y no ese resultado de demostración que, es lo que tú me dices que nos ha generado la sociedad.

Un resultado de que nos ama, quizás es mamá, que es la que nos tuvo en el vientre durante 9 meses. Y es la que estuvo en el proceso de concebirnos y ha estado y estará a lo largo de toda nuestra vida, pero muchas veces incluso, tomamos la decisión o mamá toma la decisión de cerrar una relación con sus hijos y de poner límites en esa relación de amor, porque eso es necesario. Poner límites en las relaciones para que funcionen, entonces, ese resultado de demostración de amor está cargado también de una serie de normas, reglas y de límites que nosotros como personas tenemos. Y desde mi punto de vista, yo pienso que fue una decisión volver a intentar estar con una persona, de una cultura diferente, de un idioma diferente; volver a reinventar muchas cosas que quizás vivimos en relaciones anteriores y que nos marcaron, sencillamente nos marcaron para siempre, para bien y para mal.

Nosotros, por ejemplo, no aprendemos lo que es la convivencia en nuestra cultura, nosotros estamos acostumbrados a que cada día nuestra cultura, de nuestra sociedad Latinoamérica, además, haya implosiones en nuestros hogares, donde todos los días hay un problema, todos los días hay una circunstancia y nos acostumbramos a eso. Y no nos hablamos con el tío, con el hermano, tenemos problemas con papá y mamá y lo normalizamos. Y al normalizarlo cargamos eso con nuestras propias decisiones a futuro, cargamos eso en nuestras próximas relaciones. ¿Y cuáles son nuestras próximas relaciones? Una relación parental, una relación con quien yo decido vivir, por ejemplo, y eso me marca para siempre. Entonces, esas relaciones disfuncionales van cargando.

Y a lo que voy con esto, es que, en mi decisión de volver a intentar, de construir un amor consciente, un amor que no hiere, un amor que es empático, un amor que siempre busca estar de una manera considerada y en equipo. Fíjate como ese amor que me machacaba, ese amor que me imponía lo que debía ser perfecto, que era lo que yo debía estar allí siempre. Y que imponía ese concepto de amor, ahora cambia a un amor que transforma, que acompaña, construye, que acaricia, que se ve desde otra perspectiva totalmente. Entonces, es eso, muchas veces cuando yo tengo un problema, me siento, lo pienso, lo converso con mi pareja, de que, “Mira, pero yo siento esto y tú sientes esto. ¿Cómo podemos entender esto?

Y lo más importante del amor es, que cuando nosotros decidimos pasar un problema, perdonar un problema, no podemos caer en lo mismo. Tenemos que intentar superar ese método de rumiación que también ha sido arrastrado culturalmente.

Entonces, fíjate como desde mi perspectiva yo siento que, en este momento de mi vida, yo vivo un amor responsable, con corresponsabilidad afectiva, con la libertad de expresar mis emociones y mis sentimientos, mis aspiraciones. Y qué bonito es, cuando tú tienes claro eso y cuando la persona que está al lado tuyo, es simplemente ese acompañante, no es quien te lo impone, no es quien lo decide. Entonces, de esa manera creo que en la actualidad estoy viviendo el amor, desde ese punto de vista de una pareja. Ahora el amor desde el punto de vista familiar es un amor más condicional. Porque nos cargamos de problemas, nos cargamos de circunstancias que, como te digo arrastramos y queda un amor condicionado. Sin embargo, condicionado en la incondicionalidad de que, yo me desvivo por mi familia. Yo intento siempre estar allí para mi familia, pero muchas veces hay relaciones que simplemente debemos decirle como que, espera, estos son mis límites, no abuses. Y en medio de poner esos límites con asertividad, con respeto y con empatía, estás con entendimiento también, que cada quien tiene su vida y que, de esa manera tu respetas mi felicidad, mi espacio y yo el tuyo.

En esencia eso, cómo he hecho consciente y cómo he aprendido a manejarlo y a gestionarlo sabiendo que, terapéuticamente pasé por un duelo y no solamente un duelo de separación con mi familia, también un duelo de separación con mi anterior pareja. Como te dije anteriormente, alguien que marcó crucialmente mi vida y mi rumbo. Y que mucho de esas situaciones malas o feas, cómo podamos interpretar esas situaciones de aprendizaje, para este momento de mi vida, más bien me trajo alivio. Porque hay alguien que dice, la gente llega a tu vida por enseñanza o por regalo.

Y yo creo que ese proceso que viví con la anterior pareja, fue un proceso de enseñanza; enseñanza en su máxima expresión y se lo agradezco.

Muchas veces agradecer, el agradecer y el perdonar, pasar la página. Y consiste en eso, la vida. Tú pasas la página y perdonas, quizás dentro de 5, 10 o 1 año te vuelva a ver y nos podamos saludar. Y te pueda agradecer, no agradecer desde afuera, agradecer desde adentro, porque ese proceso de enseñanza me hizo transformarme y esa transformación me permitió confiar de nuevo en otra persona, me permitió decidir creer de nuevo y que hay una oportunidad. Y que si hay momentos donde hay un desencuentro se pueden limar las asperezas desde el amor, desde el entendimiento, la empatía. Desde el sentimiento. 

 

UN MUNDO DIFERENTE DESDE ACÁ

CADA DÍA APRENDEMOS ALGO NUEVO. Aquello es una responsabilidad sobre nuestra propia ignorancia y la seguridad de vivir la experiencia. Cada día con una oportunidad de decidir un rumbo totalmente diferente. La realidad de las experiencias es una infinita relación hacia el futuro que contemplamos; un momento de consciencia que nos permite determinar únicamente la realidad presente, donde se identifican los pensamientos y se construyen los hechos que se mantienen en el recuerdo. Cuando consideramos la transformación de un ser habituado, valoramos el fracaso, el esfuerzo ante el sufrimiento y la necesidad permanente del encuentro. Cada día podemos aprender que, nuestro condicionado ser al logro es una necesidad insatisfecha, una búsqueda en el espacio del tiempo y una muerte considerable.

Cada día nos transformarnos, una naturaleza del ser consciente en gran medida de la responsabilidad hacia la realidad plenamente. Cada día es un ideal en el proceso de avanzar y contemplar un pasado, una suma de experiencias que nos ha permitido considerar la oportunidad en el momento decisivo y que nos distancia en una realidad marcada del tiempo, constantemente de lo que éramos. Cada día nos transformamos y es una representación del libre pensamiento que nos diferencia de una situación compartida y del recuerdo para establecer un presente, entonces, cada vez es un día que cuenta como la especial razón que tenemos para ser entre una posibilidad esperada, subjetiva y de repetición. Cuando vivimos la realidad de lo inevitable, somos parte de la decisión de estar viviendo lo anhelado; la búsqueda de un sentido particular y la felicidad del momento satisfecho.

Nos transformamos inevitablemente a la consciencia de ese momento que vivimos o compartimos sin espera de algo preciso, únicamente nos transformamos en la naturaleza del ser capaz de reconocer las diferentes etapas que debemos asumir para la valoración del tiempo sin retorno y en avance. Vivimos y a la medida considerable del tiempo hemos experimentado la pérdida para vivir con la intención, así mismo, vivimos después del sufrimiento y es una experiencia transformadora que nos libera para la decisión con miedo, entonces, la transformación es aquello fundamental de la permanente experiencia de la vida; el temido fracaso es parte de determinar el camino y el amor es una decisión comprensible a la oportunidad de amar una y otra vez.

El amor es una transformación naturalmente a la necesidad y a la satisfacción del momento de la vida. El amor es una búsqueda desesperada y finalmente, es un camino recorrido que nos permite decidir conscientemente sobre una compañía y valorar la soledad. El amor es la transformación necesaria en la búsqueda de compartir una vida, donde somos completamente opuestos que direccionan un camino hacia la felicidad. Justamente el amor es aquello que nos transforma para considerar la felicidad, el sufrimiento y miedo en una realidad de vivir intensamente. Migday ha decidido volver a amar y ha sido la experiencia transformadora desde el sufrimiento para vivir un amor responsable, comprensivo, cariñoso y satisfactorio.



 

 


 

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