OCIOFOBIA...
Un gran miedo.
Aquel miedo aprendido y
justificado en una sociedad veloz, es un miedo al tiempo libre. En nuestra
capacidad de idealización, es el tiempo valorado hacia una búsqueda
eternamente. Con el orden de los encuentros, es un tiempo fundamentalmente de
trabajo y oportunidad.
Con la preocupación que hemos venido lidiando sobre el exceso de trabajo, ahora se ha determinado en la creciente población aquello catalogado como ociofobia, por el especial miedo irracional al tiempo libre. Con la única idea de que el tiempo vale oro, es una pérdida casi irrecuperable mientras vivimos en una realidad comparativa, donde la sociedad supuestamente avanza en cierto punto de lo que se espera y nosotros quizás no, en una búsqueda interminable.
Es la sociedad futurista, ansiosa, que solo vive por el mañana anhelando nuestro verdadero sentido a una muerte inevitable para una vida plenamente. La felicidad que hemos concientizado de nuestro propio control es un esfuerzo para la decisión cambiante y es una gran responsabilidad que nos lleva al límite de nuestras ideas para el verdadero logro. Una búsqueda interminable con la pérdida de momentos que son irrepetibles. El gran terror a la pérdida del tiempo es una novedad de la sociedad consumista y veloz; podríamos estar llegando al punto de no retorno en sacrificio de los recuerdos valiosos, un presente a la brevedad de no conseguir aún.
Vivir el aquí y ahora ha sido cosa del ayer, precisamente cuando nos encontramos anhelando un pasado feliz por incapacidad de poder avanzar en un cambio natural de la realidad. Aunque el aquí y ahora se establezca perfectamente a la necesidad incontrolable de forzar cada momento para un recuerdo que nos libre del terrible arrepentimiento futuro. Es que el gran valor al tiempo ha sido un problema mayor en estado inconsciente de necesitar precisamente algo desconocido. La ansiedad que representa aquello justamente incierto, pero que lo vivimos completamente seguros. Es una realidad forzadamente temerosa, donde cada día se nos hace más difícil ser libres con nuestras propias decisiones para ser naturalmente felices.
No existe una regla general de
ser felices, por aprendizaje se marcan las ideas que perseguimos y por las que
tantos viven en la necesidad eternamente, insatisfechos ante una imagen
perfecta. La suma de los días no ha llegado al mismo punto de la contemplación
de lo que hemos vivido hasta lograrlo, de lo que estamos viviendo en
oportunidad de nuestras propias decisiones para ser naturalmente felices. Desconectar
para conectar es empezar nuestro verdadero camino, aquel tiempo fundamental
para nuestra propia muerte en intención de la vida. No existe tal pérdida del
tiempo en un reconocimiento a la experiencia que nos permite evolucionar,
existe un tiempo libre para nuestra capacidad de soñar, aquellos momentos donde
consideramos la realidad desde cualquier posibilidad que logramos anhelar.


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